Sabado previo al balotage..



Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.

Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-

Espero les guste

martes, 6 de octubre de 2009

CAPITULO IV – “LA FUSION”

Después de Tres Árboles, el Coronel Diego Lamas apenas se dio tiempo para enterrar los muertos. Sin dar descanso a la tropa ordenó moverse rápidamente hacia el norte, desviándose de la ruta original que lo debería llevar al pueblo de Santa Isabel, para vadear el Río Negro en el "paso de los toros" y así reunirse con el general Saravia.

Pese a que el animo de la columna estaba exaltado por la reciente y primer victoria contra el ejercito gubernista, el hambre y el cansancio hacían mella en aquellos hombres que habían mal dormido la noche previa al ataque y que luego habían combatido fieramente contra un enemigo superior en número y poder de fuego.-

Se marchaba en dos columnas, por un lado, a la izquierda el Coronel Núñez al frente de su experimentado cuerpo de infantería, por el otro a la derecha el coronel Lamas lideraba entre otras a la “Poronguera”, división con la que realmente simpatizaba por su arrojo en el reciente combate.-

La caballada que habían pasado Lolo y sus hermanos desde los campos de Larriera, ayudaba en algo a marchar rápidamente y aunque se montaba en pelo usando muchas veces el poncho como apero, siempre esto era preferible a marchar de a pie por falta de locomoción.-

Lolo y sus hermanos marchaban en silencio, al trote lento, sobón, encolumnados de a tres tal cual la orden dada por el capitán. El caballo asignado a Lolo luego de la pérdida del suyo en combate más que caballo parecía un burro. La impaciencia del muchacho pudo más que la prudencia

- Montado en este animal no voy llegar muy lejos Antonio
- Se me hace que no Lolo, seguramente es mejor que ir montado en un buey, no le parece aparcero
- Sabes que tenes razón, si queres cambiamos
- Se me hace que no, ¡Ta lindo el overito mío! – dijo Juan Antonio palmeándole el tuse a un overo patas negras de media alzada y remos poderosos.

Estaban en eso cuando el capitán pidió “un par de mozos livianitos y de a caballo”

- Yo soy livianito – dijo Lolo – lo que no tengo es caballo mi Capitán

El Capitán lo miro y sonrió, lo había visto cuando llego junto a la gente del Coronel González, todo tímido, allá en las costas del Arroyo Grande; lo vio mas hombre en menos de un mes hablando frente al comandante Gutierrez sobre la caballada de Larriera y luego, al otro día, ya en combate, sin dejar de ser apenas mas que un niño había sido un hombre cargando juntos llenos de furia y coraje. Le caía simpático el alto muchachito y lo sabía buen jinete.-

- Estas seguro de querer ir gurí – Lolo puso cara de ofendido - pero siempre es bueno un buen jinete en una partida. Veni conmigo.-
- ¿Y me consigue otro flete mi capitán?
- Usted Lolo por cambiar de caballo es capaz de pelear con Idiarte Borda

Las risas y las pullas no se hicieron esperar en el grupo, quebrando en algo el cansino silencio en el que marchaba la columna poronguera.-

- Bueno, además de este amigo al que no le gusta el flete, voy necesitar a cinco más. Van a marchar conmigo y vamos a oficiar de “bomberos”.-

Rápidamente se conformó el grupo, Lolo volvió a montar un nervioso caballo zaino cara blanca, escarceador, el que después de ensillado casi lo da por tierra, motivo de jolgorio para sus compañeros.-

El Capitán conferencio un momento con el Comandante Gutiérrez y se acerco al galope – “ al galope y conmigo” dijo con vos clara. Mientras se alejaban de la columna, en forma casi perpendicular comento en voz alta.

- Ramon Galain y su gente van a tomar la estación Francia y destruir las vías y el telégrafo, nosotros vamos a asegurarnos que no haya colorados en la vuelta ni fuerzas de gobierno. Vamos a separarnos para cubrir bien el terreno. Usted Lolo viene conmigo y el sargento, los demás van con el teniente. Teniente rodee la lomita y rumbee para el lado del Río Negro. Acérquese a la vía pero mirándola de lejos y después rumbeen al norte siempre cerca de la vía. No lleguen hasta la estación. ¿Entendido? No pueden llegar a la estación salvo expresa orden mía.-
- Si avistamos colorados a quien avisamos mi capitán – pregunto el viejo teniente guerrero de varias revueltas.-
- En eso iba Cipriano, si avistan una partida o el ejercito mismo se presentan con Galain y le dan la posición.-
- Entendido mi capitán.-
- Alférez Pérez – dirigiéndose a otro veterano de varias guerras – Usted ya tiene la misión, galope hasta el Salsipuedes con su grupo y establezcan una guardia cerca de la picada. Si ven preparativos o gente del ejercito manda un parte directamente al comandante Gutiérrez
- A la orden mi Capitán.-
- Bueno, a galopar compañeros.-

Los tres grupos salieron al galope con rumbos diferentes y definidos, los líderes de cada partida sabían perfectamente como hacer y la importancia que la tarea de espiar o “bombear” al enemigo. El galope tendido cerca de sus líneas se transformaba en un trote chasquero cerca del objetivo y luego un sigiloso paso con el equino de la rienda siempre buscando los desniveles del terreno.

El grupo de Lolo cabalgó casi toda la noche por el agreste paisaje al norte del Río Negro. Solo se detuvieron una vez al pasar una cañada para ajustar sus aperos y dar de beber a los caballos, después continuaron hasta que la salida del sol los encontró casi sobre la estación.-

Ya sin la protección oscuridad de la noche los jinetes ahora si comenzaron a buscar las partes del terreno que les dieran la ventaja de ver y no ser vistos. Un montecito de talas por aquí con sus espinas capaces de perforar una bota, un chircal espeso por allá, una pequeña quebrada y la constante de la línea de los rieles del ferrocarril.-

A diferencia de las noches anteriores, en que la que niebla un día y la llovizna otro los había helado hasta calarle los huesos, la noche que dejaban atrás y la madrugada que los recibía se presentaba si no calida, al menos exenta de frío.-

El suelo mojado por el rocío humedecía los cascos de los caballos y los humedeció a ellos también al pasar el último parapeto natural que los separaba de la estación. Un pajonal sobre un bañado que escoltaba una cañadita de lecho pedregoso y cauce estrecho. Los jinetes se apearon y se adentraron en el pajonal extremando los cuidados, mojados hasta casi los genitales avanzaron con el cuchillo en la mano, cortando las filosas pajas que les laceraban los brazos. El peligro de los ofidios, la temida mordedura de la crucera o los dientes de algunos de los pocos felinos que perseguidos y casi extintos se refugiaban en estas guaridas naturales los hacían avanzar extremadamente concentrados. Casi al llegar al extremo opuesto del pajonal pudieron observar claramente el objetivo, distante casi doscientos metros.-

La estación era un conjunto de construcciones, algunas de mayor porte, de paredes gruesas de ladrillo y techos de lata a dos aguas pintados de rojo, frente a ella, cruzando la vía un par de ranchos de adobe y techo de paja flanqueaban un ombú añoso. En línea paralela a la estación otra construcción de material de líneas rectas, puertas y ventanas pequeñas con fuertes rejas. Parecía injertada en medio de una quinta en la que sobresalían las zapalleras de gruesas hojas, un papal ralo y abundante, y la maraña de los boniatos casi al costado, por otro lado tres o cuatros limoneros, algún duraznero y algunos jazmines.-

Los postes del telégrafo depositaban sus alambres en la primera de las construcciones de techo de lata donde en forma perpendicular al andén descansaba un caballo atado a un palenque.-

- No se ve gente- dijo Lolo
- Pero hay – retruco el sargento- ese caballo atado es de un milico, mírele el recado.-
- Si- tercio el capitán – Es de un “montado”, debe ser de la caballería de Paysandú, combatieron antes de ayer, debe andar una partida por aquí cerca. Sargento, encuentre a Galain y dígale que extremen las precauciones. Lolo, usted busque al otro grupo, que debe venir por el otro lado de la vía y que se vengan para acá, vamos a asegurar esta posición.

Los dos hombres se metieron nuevamente en el pajonal mojándose nuevamente con el agua fangosa para luego montar y salir sin hacer el menor ruido.-

Lolo con un galope sobón aprovechó la cobertura que le daba una lomita y luego una cerrillada para atravesar la vía casi unos seiscientos metros mas allá de la estación, siempre rumbeando hacia el Río Negro cabalgó casi media hora hasta que alcanzó a ver la partida en cuestión.-

Después de asegurada la estación y destruido el telégrafo y las vías el campamento revolucionario acampo a orillas del arroyo Pororó, para el otro día tomar Santa Isabel.-

En el poblado, Lamas descubre que el gobierno ha enviado seis mil hombres los que desembarcaron en la estación Molles (distante apenas seis leguas) al mando del mismo Ministro de Guerra en persona.-

El Coronel Lamas hizo descansar la tropa, el buen ánimo reinó en el espíritu de los revolucionarios, siempre bordeando la protectora costa del Rio Negro la columna avanzo hacia el norte. Estaba claro que por alguna razón el General Saravia no había podido llegar a Santa Isabel de Paso de los Toros.-

La costa del río, con su monte tupido, muchas veces casi virgen para los ojos inexpertos era una de las fortalezas con las que contaba la revolución.

Brigadas de exploradores, “bomberos” al decir campero se adelantaban y marcaban el camino a seguir, buscando el mejor paso entre el monte o la “picada” para pasar el grueso del ejército.-

Atravesaron el río hacia el sur sobre “ la picada de Ramón Escudero”, evitando así el arroyo Carpintería Grande, ya del lado sur tuvo noticias Lamas que una avanzada del ejercito desembarcado en Molles venia a marchas forzadas con la misión de interceptarles el paso. Dispuso entonces que una brigada se adelantara y enviara correos que anunciaran con tiempo los movimientos del enemigo.-

El 25 de marzo en el Paso de Rubí sobre el arroyo Las Cañas el coronel Lamas envía una vez mas a la Poronguera a la vanguardia del ejército, sobre la rivera misma del arroyo donde se preveía una fuerza enemiga cercana a los 1500 hombres.-

El terreno de piso fangoso, con exhuberancia de pajonales y monte tupido hace que se desplieguen guerrillas por parte de los dos bandos, los tiradores de La Poronguera realizan el primer asalto acercándose hasta casi 200 metros de las líneas enemigas, las que después de un largo tiroteo intentan un movimiento envolvente tratando de golpear el flanco por un lado y cortar una posible retirada por la otra.-

El Coronel Lamas, fino estratega, descubre la maniobra y la superioridad de fuego del enemigo. Manda entonces a la infantería del Coronel Arrue a proteger la retirada con fuego de cobertura mientras que los lanceros de La Poronguera cargan sobre el parque enemigo para así distraer fuerzas.-


Comanda la carga José F. González, sus mas de 130 kilos casi no se notan sobre el tordillo que escarcea sobre el campo, les recuerda a sus hombres de donde son y la estirpe de cada uno, los conoce a todos, el griterío es ensordecedor cuando cargan en masa sobre el pajonal. Junto a ellos va la caballería de Cicerón Marín y su enorme barba blanca.

Las fuerzas del gobierno dudan y desalojan la posición ante la carga cerrada, el objetivo esta cumplido, del resto se encarga el Coronel Arrue administrando las pocas balas con que cuenta el ejército revolucionario.-

Lamas cruza el arroyo Las Cañas antes los vanos intentos de las fuerzas del gobierno de cortar su retirada.-

De a poco, batalla tras batalla, la heroica división de los Coroneles Gutiérrez y González va sellando su destino de coraje y bravura que la harán legendaria.-

Con la retaguardia cubierta, Lamas va camino a Cerro Largo, Ramon Galain, chasque enviado especialmente por el Coronel Lamas ya trajo la mala nueva, cayo estoicamente Chiquito Saravia y la buena nueva, el General Saravia lo espera cerca del Arroyo Tupambae.-

Lolo cabalga en el grupo del Coronel Gutiérrez, casi no participó en el Arroyo Las Cañas. Pese a cargar con su división el desbande del enemigo sobre el paso y la orden de no realizar persecución los hizo volver grupas hacia el tronco de la columna revolucionaria y proteger el flanco.-

Días más tarde, en las inmediaciones del arroyo Tupambae se produce la fusión de las tropas insurrectas.-

El general Saravia vestía con sencillez paisana, bombacha y torera negra, camisa de género del mismo color, botas de caña alta hasta la rodilla. No llevaba sable, ni insignias, estandartes o bandera, en el sombrero negro resaltaba la cinta blanca con la leyenda “Por la Patria”.En tan austera vestimenta se distinguía un revolver en una cartuchera ubicada a su diestra y daga con mango de guampa cruzada en la cintura. Montaba un zaino malacara de gran porte, y usaba rebenque de sotera ancha.

El apero era sencillo, exento de platería, cómodo. Quien lo viera sin saber su nombre lo confundirla fácilmente con un tropero llevando rodeo. Quien lo mirara a los ojos, descubriría que esa mirada hipnotizadora, subyugante, firme, llena de convicciones no podía ser otra que la del líder de cuatro mil almas que se juntaban para reivindicar sus derechos y las libertades civiles.-

El abrazo con el Coronel Lamas fue el de dos viejos compañeros. Lolo, subyugado en su inocente juventud, observaba desde lejos.

Ahí estaba el legendario Coronel Lamas, militar de carrera, exitoso estratega, con todos los honores y la confianza de la junta de guerra en el exilio apeándose de su caballo, descubriendo su noble cabeza y con el blanco quepi en la mano saludar al caudillo de gestos humildes. Este también desmonta, descubre su cabeza y le tiende la mano. Lolo se estremece, la palabra compañero lo engloba todo, siente que ahí mismo, junto a ellos esta la sombra del general Oribe y de Timoteo Aparicio.

Observa a los viejos generales de Timoteo, todos de cabeza descubierta, sombrero en mano; Ahí esta con su barba blanca y su altura imponente el general Jerónimo de Amilibia jefe de la infantería, el mismísimo José F González amigo personal de Timoteo y comandante de la Poronguera, Don Basilio Muñoz padre montando como cuando joven junto al general Oribe, haciendo caracolear un morito don Agustín Urutubey brama - “¡viva la patria ¡” respondido por Nicasio Trias que hace flamear la bandera junto a Celestino Alonzo.

Son los viejos jefes del partido blanco unidos por el General Saravia, el ejemplo de bravura y convicción es como un reguero de pólvora entre la juventud que multiplica esa fuerza en las casi cuatro mil almas que rugen cual león embravecido.-

1 comentario:

  1. Muy buenas las historias Gonzalo!...llegué hasta aquí buscando información de Fortunato Jara porque me apasiona todo lo referente a las guerras civiles del 97 y del 04 y hace ya unos años que recopilo toda la información que puedo. Muy bueno.

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Durazno, Durazno, Uruguay
" El viejo Lolo" Gonzalo Recuero