CAPITULO VIII – “CUCHILLA SECA”
El camino hacia el norte era difícil, arroyos y cañadas crecidos, los pasos conocidos totalmente desbordados, los campos anegados y los bañados transformados en ciénagas. Las caballadas estaban flacas y cansadas por lo que gran parte de camino se hacia a pie con el bruto de la brida.-
La larga columna se movía despacio y en silencio, ya estaba por amanecer y una pequeña bruma se elevaba por sobre los pastizales. Los jefes iban de un lado a otro de la columna tratando de mantener el orden e infundir ánimo, como si el ánimo se pudiera encontrar en medio de aquella tierra anegada por el agua mezclada con la sangre derramada.
¿Donde estarían? ¿Tras de que cerrillada estarían agazapados los soldados del gobierno? Los fusiles ávidos de carne encierran la muerte escondida en las vainas de las balas, los compañeros caídos la jornada anterior daban fe de ello. Casi no quedaban proyectiles en las cartucheras, encontrar un fusil muchas veces más que una ventaja era un problema, de poco servía aquella rara mezcla de Remingtons, Máuser, Winchester si no se tenían los medios adecuados para usarlos.
La batalla pasada, unido al frío y al agua intensa que no daba tregua había desnudado las carencias logísticas y medicas de la revolución.
Un ejército es tan bueno como aquellos que lo conforman, si éste ejército esta debilitado físicamente significa que también tiene debilitado su potencial para combatir. De ahí que el mantenimiento de la salud era vital para la consecución de la causa.-
Lolo sufría en carne propia esta situación, paso a paso, tomado de la rienda de su caballo veía como sus energías se agotaban mientras trastabillaba cada dos o tres pasos. El frió y el dolor en la cabeza le generaba una rabia incontenible que le hacía flaquear su resistencia, y hasta un bravo como él fantaseaba con dejarse caer y terminar así el sufrimiento.-
Las ropas húmedas incapaces ya de albergar mas agua se pegaban al cuerpo multiplicando el frío intenso que los lastimaba; las botas encharcadas, tanto que daba lo mismo caminar descalzo. El poncho otrora amigo para combatir el frío, al estar totalmente empapado se convertía en un sobrepeso difícil de llevar marchando entre bañados pantanosos, con los miembros entumecidos.
En medio de todo esto, con la mirada puesta en el norte, buscando el “paso Hospital” que los llevara hacia Rivera y de ahí a los pertrechos en Santa Ana, cada relámpago y el posterior trueno le parecían a Lolo carcajadas macabras hechas por el viento.-
Una caballada apareció al galope, al frente de la misma venia el Comandante Gutiérrez, con el, totalmente empapado y apenas cubierto por una fina túnica de verano el doctor Andrés Ceverio, líder del cuerpo medico, lo acompañaban además tres practicantes.-
- Oficial
- Si señor – respondió el capitán a cargo del grupo
- Tiene heridos por aquí.?-
- En la carreta tenemos seis soldados mi comandante
- ¿Y ese soldado porque no esta en la carreta? – dijo Ceverio al comandante Gutiérrez – lo atendí ayer y tenia una profunda conmoción. Una bala le rozo la cabeza, no es conveniente que vaya caminando.-
- ¡Lolo! ¡arrímate, el doctor quiere hablar con vos! - y mirando al doctor dijo – es apenas un muchacho, guapo como un toro embravecido, pero a veces de tan guapo se transforma en tozudo
Lolo se arrimo con el caballo de la mano, el sombrero afirmado en la mollera casi en la nuca por encima de la venda grotesca de género indefinido.
- Como venís Lolo? – dijo Gutiérrez
- He sabido andar mejor mi comandante - respondió Lolo
- Usted no debería ir caminando soldado, estuvo casi cuatro horas inconscientes, ¿se siente bien?
- Lo suficiente como para no abandonar el caballo doctor, con la falta de matungos que hay a este me lo pelan enseguida
- Ahhh, esos son mis bravos de Villas Boas, cualquier cosa por un buen caballo, al final tiene razón el capitán Bethencourt amigo Lolo, sos capaz de pelear con el mismo Idiarte Borda por un caballo mijo
- Espero que el caballo no lo lleve derechito al pozo soldado – retruco Ceverio- vamos a mirar esa herida, con la falta de desinfectante que tenemos solo las podemos lavar con agua hervida y nada mas. Si se infecta estamos en problemas.
- ¿Cuál es el plan con los heridos doctor? pregunto Gutiérrez
- El general Saravia tiene ganas de desviar una caravana de carretas con los heridos hasta el hospital de Cuchilla Seca. Confiemos que si nos agarra el gobierno nos deje seguir… somos un cuerpo medico con heridos
- Que quiere que le diga doctor, yo no creería mucho en la misericordia del gobierno. Por lo que se comenta los heridos de Tres Árboles que llevo la cruz roja a Montevideo después de recuperados fueron a prisión
- Estamos mejorando…antes los degollaban si andaban escasos de municiones y si no los fusilaban – dijo el doctor mientras examinaba la profunda herida que había hecho la bala al rozar el cráneo de Lolo
- Siempre y cuando no los agarre Muniz – dijo Lolo
- ¿a ver como es eso que dijo soldado?
- Comento el comandante Fortunato que después de Arbolito el muy salvaje degolló a dos o tres heridos que nos se pudieron esconder
- Entonces Comandante Gutiérrez, si lo que dice el soldado es cierto es preferible que lo encarcelen a que lo degüellen.-
- Este mismo mozo escapo de un degüello seguro un par de días antes de Tres Árboles. Y miren que no eran gente de Muniz sino soldados de línea.- comento el comandante Gutiérrez al doctor- ¿Bueno, como esta esa herida?
- No me gusta, cuando lo encontraron llevaba un buen rato con la herida llena de barro, vamos a tratar de limpiarla seguido y desinfectarla bien en Cuchilla Seca. Este soldado se viene conmigo Comandante
- Pero apenas es un corte Comandante – protesto Lolo
- Soldado, monte y siga al doctor. Después de curado lo quiero nuevamente con nosotros y es una orden
Lolo montó desganado y emparejó su caballo con la carreta que llevaba los demás heridos hacia el hospital, estaban cerca del paso de Guaviyú y más que llover diluviaba.
Poca cosa podían hacer lo médicos en el frente de batalla cuando faltaba lo indispensable, faltaban vendas, hilos y brillaban por su ausencia los medicamentos. A falta de agua fenicada y bicloruro de mercurio las heridas se lavaban con agua hervida en ollas de hierro o apenas en la misma caldera de tropero con la que se aprontaba el mate. A falta de apósitos de gasa antiséptica y algodón, se desgarraba una camisa y se usaba esta como venda.-
Los quebrados se entablillaban con ramas y tiento, el mismo tiento que se usaba para detener una hemorragia.-
Antes de llegar al paso de Guaviyu, el general Saravia recibe la noticia que cubriendo el paso, ocultos por las cerrilladas, esta la vanguardia del general Escobar. Sin perder más tiempo parte con su escolta y un escuadrón de lanceros al encuentro del enemigo
En tanto esto pasaba en el medio de la columna, se comisionaba a Eduardo Acevedo Díaz para que acompañara con una partida de la 2ª división la caravana de heridos hacia Bage, pasando la frontera donde se encontraba el hospital de Cuchilla Seca.
En mas de veinte carros tirados por bueyes y algunos a caballo, acompañados por menos de treinta jinetes partieron los casi doscientos heridos de la revolución al hospital mas cercano, distante al menos diez días a caballo.-
Liberado el paso se continuo la marcha, un soldado herido en la carga hecha por el general Saravia en el paso de Guaviyú, le comentaba a Lolo lo acontecido mientras marchaban al paso de los caballos –“Ni bien vadeamos el paso, como a las tres de la tarde, sobre la cerrillada nos balearon de lo lindo, yo no tenia balas, es mas, nadie tenia balas. Entonces el general mando buscar la carreta con tacuaras que tenia el Coronel Lamas. Nos dio una lanza a cada uno y nos dijo que las municiones las tenían ellos y el coraje nosotros. Estaba como endemoniado el general, el tordillo se paraba de manos y bufaba y el general meta revolear la lanza. Se había sacado el poncho y solo estaba de camisa bajo la lluvia. Y entonces cargamos, así nomás, como antes, pura lanza mijo. Rodaron unos cuantos porque les bajaron los caballos pero les llegamos a la línea y salieron corriendo los zumacos. Había un viejo de gorro con penacho que parecía un general de esos que desfilan en el pueblo, revoleaba un sable y les decía que formaran. Pero que van a formar, ni bien les caímos con los caballos salieron corriendo y tiraban los máuser y nos se les veía ni el quepi. Diga que la caballada nuestra esta bichoca y llena de mataduras, sino estaba para correrlos hasta Montevideo mismo.
Así, entre cuentos y anécdotas que hicieran olvidar los dolores, el frío y el hambre una semana después llegaron a Cuchilla Seca donde estaba el hospital.-
Ahí la situación no era la mejor, pero al menos no llovía. Sobre una altura había cinco grandes carpas de lona sin puertas, que oficiaban de salas generales. Mas allá, un rancho de abobe y paja de medianas medidas servia como deposito y almacén. Un poco más allá, un corral de piedras y ramas mantenía encerrada una pequeña tropa de seis o siete vaquillonas escuálidas que servían de consumo a heridos y médicos.-
La pobreza que se veía en el sitio hacia espantar al mas duro, y solo la abnegación y sapiencia del cuerpo medico hacían de aquello un verdadero hospital donde se sanaban los heridos y no un simple deposito de desahuciados.
Presa de fuertes fiebres productos de la infección de su herida quedo Lolo acostado sobre un catre soñando con una casa en la cuchilla, el tambo, los corrales y el bullicioso trabajo en la cocina de sus hermanas. Su flaca humanidad parecía consumirse entre sudores, calambres y pesadillas.
Por las mañanas parecía estar mas animado por mas que sufría enormes dolores de cabeza, así y todo intentaba levantarse, pero luego de un rato las fiebres comenzaban a horadar su cuerpo y caía en profundos vacíos.-
Cuando ya se cumplía casi quince días de su llegada comenzó a sentirse mejor y a recuperarse lentamente. Caminaba todas las mañanas en torno al hospital y pronto comenzó a colaborar en las tareas simples como acarrear leña, ordeñar alguna lechera, carnear y colaborar en la recuperación de alguno de sus compañeros.-
En ese proceso de recuperación una mañana le llego la noticia que el grueso de la columna de Saravia estaba cerca de la frontera
- La revolución nos necesita – le dijo a un par de compañeros ya medio recuperados- tenemos que cruzar la frontera nuevamente
- Lolo, ni caballos tenemos aquí, cuanto menos armas. El único caballo es el petizo del barril y la yegua manca de arriar el consumo
- No importa, se comenta que mañana llegan heridos, tenemos que ir en esa partida
- Yo no puedo ni montar Lolo…
- Yo no me quedo, no deje mi casa y todo lo que tenia para hacer leña como una vieja
Asi dijo y salio de cabeza gacha derecho a comunicarle al doctor a cargo que se iba inmediatamente a unirse con la columna. El doctor Moreira quien estaba a cargo del hospital miraba desconsoladamente el corral donde estaban echadas dos de las escuálidas vaquillonas. La túnica antes inmaculadamente blanca tenia ahora manchas de todo tipo y colores
- Que suerte que lo veo Lolo, necesito que me haga un gran favor
- Yo vengo a hablar con usted
- Eso después Lolo, estamos en una situación desesperada, no tenemos animales para carnear. Sacrificar esos animales escuálidos seria en vano, usted es un hombre de a caballo, vaya por favor hasta lo del Coronel Joao y pídale de parte mía que me envíe algunas cabezas de ganado decente
- Pero doctor yo me voy con la revolución
- Por favor joven, es usted estupido o se hace. Mantener este sitio es parte de la guerra. Donde va a ir sin caballo y desarmado. Mírese los brazos y su cuerpo, debe de haber perdido 10 kilos y usted ya de por si era flaco
- ¡¡ Doctor ¡! Tengo las fuerzas suficientes para llegar hasta Acegua aunque sea de a pie
- Mire Lolo, la diferencia entre un optimista y un idiota es apenas una rayita fina…y usted la esta pasando. Lo mejor que puede hacer por la revolución es dar lo mejor de si en el momento que le toque vivir. Y ahora usted esta aquí, donde apenas tenemos para comer. Escúcheme – puso la mano sobre el hombro del joven- yo solo soy medico, no soy dios. La cura de las heridas es cosa de hombres no de dios, el solo nos guía por el buen camino, lo demás es cosa nuestra. Algunos extraemos las balas, limpiamos las heridas y suturamos los miembros. Otros mantienen en pie el lugar y hacen posible la tarea de los demás, ayúdeme con eso y estará ayudando la causa; conseguir alimentos, leña, velar por la seguridad es tan importante como lo primero y casi tan importante como ganar la batalla. Tengo doscientos compañeros heridos para curar, alimentar y velar por su seguridad. ¿puedo confiar en usted para que nos ayude?
- Si doctor, puede confiar en mi. ¿Como hago para llegar a lo del Coronel Joao?
- Tenga, esta carta la firmo el mismo General, llévese con usted al Mouriño, el lo guiara. Lo espero en una semana. Suerte
Dicho esto, el doctor salio presuroso rumbo a una de las carpas que oficiaba de quirófano, mientras entraba se acordó que hoy era su cumpleaños y que llevaba casi tres días sin comer “Tengo la corazonada que hoy recibí un regalo de cumpleaños- pensó para sus adentros- este mozo seguro no me falla, le sobra madera dura”-
Sabado previo al balotage..
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
sábado, 28 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
CAPITULO VII – “CERROS BLANCOS”
CAPITULO VII – “CERROS BLANCOS”
- Cae agua como baba de loco
- Es un disparate, llevamos una semana de lluvia
- ¿Cómo esta la tropa Coronel Lamas?
- El animo es bueno General, pero viene complicada la cosa por el frío
- Tenemos que socorrer a los que estén peor
- Ya dispuse con los jefes de cada división que tomen la previsiones General
- En mi carpa hay un par de ponchos, que se los lleven y se lo den a los que anden mas embromados
- Muy bien Mi General
Los dos lideres de la revolución conversaban mientras recorrían los diferentes vivacs del campamento revolucionario. Aparicio Saravia se guarecía del agua con un poncho de paño negro y el sombrero de ala ancha sobre los ojos. A su lado el coronel Diego Lamas guarecido con un capote militar montaba un picazo de frente blanca que escarceaba a cada paso.-
- Tenga cuidado Coronel que el picazo ese anda de lomo hinchado
- Este picazo es pura pinta, en realidad no mas que un maturrango, pero vio como es esto general, con la escasez de caballada que tenemos no da para andar eligiendo mucho.-
- Usted sabe Coronel que no me gusta esta posición que tenemos, con el Tacuarembo y el Negro crecido tenemos una posición vulnerable. Si nos rodean estamos liquidados
- Podemos bordear el Caraguata y tratar de salir rumbo a Acegua
- No me gusta Lamas… hay por lo menos un ejercito completo viniendo desde Florida. El viejo Meliton Muñoz tiene que haber quedado con la sangre en el ojo después de Cerro Colorado
- Entonces seria una buena idea rumbear al norte, hacia Rivera, aunque tenemos que tratar de no arrimarnos mucho al Yaguari… si Villar mando a cubrir los pasos del Rio Negro es seguro que mando gente al Yaguari y no han podido pasar.-
- Uno no sabe si son burros o se hacen los burros, solamente Villar custodia pasos con ríos crecidos… ahí esta el traidor de Justino Muniz y mi pobre hermano, que hombre zonzo que salió Basilicio…que quiere que le diga, vamos a reforzar la vanguardia y vamos a redoblar la marcha, incluso de noche… a mi me huele a gato encerrado… y el gato somos nosotros. Nos deben de querer rodear y aunque sean unos burros este es el lugar perfecto para que nos encierren. ¿Con cuantos soldados contamos Coronel Lamas?
- Contando la reserva y los desarmados somos dos mil quinientos
- Suficientes para hacerle la pata ancha a cualquiera, pero igual seamos precavidos. ¿Como andamos de armas y proyectiles?
- Casi nada mi General, después de Cerro Colorado estamos en situación crítica, he dado órdenes expresas de no disparar sino a menos de doscientos metros en batalla tendida. De todos modos deberíamos pensar seriamente en conseguir armas y proyectiles
- Razón de más para ser precavidos y rumbear para la frontera entonces. Tenemos que hacer contacto con los amigos para aprovisionarnos.-
Mientras así hablaban Saravia y Lamas, el ejército del gobierno tendía una emboscada con más de 15.000 hombres provenientes de cuatro ejércitos e importantes piezas de artillería.
El ángulo de noventa grados que forman el Río Tacuarembo y el Río Negro, ambos desbordados permitían al gobierno movilizando cuatro ejércitos prácticamente rodear completamente a los revolucionarios
Por el Norte cubriendo la salida hacia Rivera el general Villar, otrora derrotado en Tres Árboles disponía de seis mil hombres con seis piezas de artillería; por el este el ejército del General Arribio con cinco mil hombres, un parque de ametralladoras e importante artillería se movilizaba desde villa Artigas para frenar toda posible salida por las costas del arroyo Caraguatá hacia el este. Los pasos del Polanco del Rio Negro y de Pereyra los custodiaban el general Vázquez y Justino Muniz respectivamente con algo más de cinco mil hombres.-
Justamente en el paso de Pereyra sobre el Rio Negro, Basilicio Saravia, se lamentaba en privado por la suerte de hermano. Con su grado de Coronel del Ejército conocía muy bien el plan establecido. La suerte de la revolución estaba echada, y era en esa ratonera donde se jugaba su destino.-
Menos de un mes antes se habían enfrentado con el ejército de Meliton Muñoz cerca de Cerro Colorado en el departamento de Florida. El mayor poder de fuego del enemigo no había logrado quebrar en ningún momento la línea organizada por el Coronel Diego Lamas. Parapetados tras los terraplenes del ferrocarril mantuvieron casi un día la batalla hasta que la falta de proyectiles y la previsión de una campaña prolongada los hizo replegarse ordenadamente hacia el norte.-
En Montevideo estallaron los nervios de Idiarte Borda tildó de inepto e idiota a su ministro de guerra – “un salvaje analfabeto me esta haciendo hacer el ridículo y a usted parece no importarle general” habría dicho el tirano, para agregar luego “yo que usted me preocuparía un poco mas por el futuro”.-
Si bien el ministro se mostró indignado intentando hacer descargos basados en el honor, ni bien salio del despacho movilizó correos, arrestó jefes y presionó para establecer un plan que acabara con “el salvaje”. Este plan estaba por ponerse en práctica cuando promediaba mayo.-
El 12 de mayo las partidas de observación confirmaron lo que ya se suponía, el cerco se cerraba en torno a los revolucionarios, Saravia dispuso la columna de modo que se intercalaran en función de su poder de fuego.
El plan seguía siendo evitar el combate y tratar de ganar la frontera, es así que se marchaba con paso redoblado buscando la cobertura protectora de los valles. Al caer la tarde del día 13, mientras Lolo y sus compañeros acampaban a casi seis kilómetros del arroyo cerros blancos la noticia de un inminente encuentro al día siguiente corrió como reguero de pólvora entre los revolucionarios.-
Aparicio Saravia ideo una arriesgada maniobra, avanzaría en línea paralela al arroyo marchando hacia el este, tal cual suponían las fuerzas del gobierno. El General Villar había colocado unas pocas partidas visibles, tendidas en guerrillas, disimulando importantes fuerzas escondidas tras una gran cerrillada. Suponía que Saravia intentaría pasar por ese lado al verlo mas débil que el resto de las fuerzas del gobierno. Saravia mismo marcho la mañana del 14 de mayo al frente de esa vanguardia compuesta además por el comandante Mena de la segunda división, la 10ª de Fortunato Jara y la Poronguera, casi sin armas pero con buena caballada; No llegó a pasar mas de media hora de combate cuando el grueso de las fuerzas revolucionarias, donde se encontraba el mayor poder de fuego giraron 90º para atacar de lleno en el centro de las fuerzas gubernistas.-
Los jefes revolucionarios ocuparon el centro de la línea y encabezaron el ataque, la consigna era romper el cerco de alguna manera.-
El campo de batalla se torno un largo frente de más de ocho kilómetros sobre las márgenes del Arroyo Blanco con los cerros del mismo nombre por detrás.
Los disparos, en su mayoría provenían desde el lado del gobierno, los soldados revolucionarios que poseían armas de fuego eran menos de la mitad y tenían orden precisa del Coronel Lamas de no disparar a más de doscientos metros.-
La artillería del gobierno comenzó a diezmar la línea revolucionaria, si bien la maniobra del general Saravia había burlado el parque de artillería más importante en el que se incluían al menos un par de ametralladoras, el general Villar disponía en el centro al menos tres o cuatro piezas de artillería de campaña.-
A las dos de la tarde se quebró la línea del Comandante Mena que se habia tendido unos doscientos metros sobre la rivera norte del Arroyo Blanco. El flanco derecho comenzó a ceder, si se quebraba la batalla estaba terminada.-
- Se desbanda la división de Mena, si perdemos esa posición en el arroyo Blanco la única manera de asegurar la línea es resistiendo desde el bañado– dijo Cayetano Gutierrez al Coronel Gonzalez. Ambos se encontraban sobre una cerrillada distante unos seiscientos metros de la margen sur del arroyo blanco donde “la poronguera” era la reserva del flanco derecho.-
- Tiene razón Coronel. ¡Capitán! Mande a desmontar y vamos a tomar el bañado, mande dos hombres por fusil. Los demás de a caballo y prontos.-
El bañado en cuestión era una extensión de algo mas de un kilómetro de largo por cuatrocientos metros de ancho entre la rivera norte del Arroyo Blanco y un arroyito de cauce estrecho llamado Arroyo Seco. La gran cantidad de agua caída en los últimos días desdibujaba esos límites y hacían del bañado una ciénaga inundada. La altura de las totoras y el pastizal en muchos lugares escondían un hombre.-
Lolo desmonto y atravesó el arroyito con el agua casi en la ingle, no llevaba arma de fuego, tan solo el cuchillo caronero en la mano. A su lado corriendo su compañero cargaba un Rémington Patria con la bayoneta calada, rápidamente se internaron en el bañado mientras pasaban corriendo los últimos hombres de la división del comandante Mena.
En el desconcierto de la línea que amenazaba con quebrarse los hombres de “La Poronguera” rápidamente se mezclaron con hombres de otras divisiones o lo que quedaban de ellas.-
El Coronel Fortunato Jara apareció de la nada montando a caballo. - “¡Aguanten carajo, aguanten `por la patria carajo!”- A su lado, el Capitán Gabino revoleo una lanza con la bandera de la patria en la chuza. “¡¡Firmes carajo, que no crucen el arroyo!!”. Pero los gritos de nada valían ante el avance arrollador de la infantería del gobierno.
- ¡¡Síganme carajo, vamos a mandarle lanza a estos zumacos!!
Un campo anegado en muchos lados y barroso en otros es mudo testigo de lo que está por venir. Los dos bandos se lanzan uno contra otro en una larga franja de pocos cientos metros de ancho
El choque fue violento, Lolo nunca había cargado con una fuerza de infantería, acostumbrado al caballo se hallaba fuera de ambiente, incomodo, corriendo tan solo con su caronero en la mano, el largo cuchillo que acostumbraba llevar casi perpendicularmente a su pierna izquierda, justo por encima de la carona y por debajo el recado, le parecía corto cuando veía aproximarse la compacta y organizada línea de soldados de infantería del ejercito con los fusiles máuser y las bayonetas con forma de espada apuntado hacia delante.-
No miro para el costado, sentía el ruido de las botas de sus compañeros hundiéndose en el barro y el griterío para darse animo, el no gritaba, los labios apretados y la mirada fija adelante en la línea del enemigo que avanzaba fusil en mano, una nueva descarga, el silbido de las balas a su lado, el ruido sordo de la carne recibiendo el plomo, el sonido agónico del caído, ¿Cual seria su bala? ¿Cuantas balas serian necesarias para hacerlo caer?, balas que el no tenia, ni sus compañeros, - “la carne es mas barata compañeros” - había sido el grito del Coronel Fortunato, la línea no debía quebrarse, y allí estaban ellos para sostenerla.-
Diez metros, ocho metros, cinco zancadas mas de sus largas piernas, que extraño pensamiento, ¿como se llamaría el “zumaco” que había elegido para enfrentar?, se miraban a los ojos, ¿tendría familia?, tres zancadas mas, que extraña era la bayoneta, parecía mas fina y mas larga que las demás ¿por qué no lleva uniforme? dos zancadas mas, los ojos del enemigo no tenían miedo, el tampoco.-
El enemigo levanto el fusil he hizo caer la punta de la bayoneta hacia Lolo, a ultimo momento éste giro apenas el torso para impulsar su cuchillo, la bayoneta le rozo el hombro enganchándole la camisa, sintió el caño del fusil impactando contra su carne, echó todo el cuerpo hacia delante, el filo del caronero se hundió en la humanidad del enemigo, sintió como el acero desgarraba músculos y vísceras del desafortunado hasta que se detuvo en algún obstáculo que le tenso la mano.-
El impulso que llevaban los dos hombres los hizo chocar, Lolo no soltó la empuñadura de su arma, escucho el quejido de su oponente cuando los cuerpos se juntaron y el chasquido de la hoja de su cuchillo al quebrase. Con la mano izquierda instintivamente asió el caño del fusil enemigo, la resistencia del otro cuerpo cedió y juntos cayeron sobre el fango.-
Había pasado menos de un minuto desde el comienzo de la carga, con la línea casi quebrada, casi sin balas, se habían lanzado contra un enemigo que los superaba en número y que amenazaba con vencerlos.-
Atrás quedaba el viejo Coronel Fortunato arengándolos con su lanza en alto, le parecía haberlo visto caer, seria una infamia que una bala de un máuser se llevara una vida gaucha, guapa, victoriosa de tantas cargas como esta ahora, acero en mano.-
Miro el caronero quebrado, regalo de su padre, intento recuperar la hoja quebrada del cuerpo del enemigo, no tuvo tiempo de mas nada, ahí arriba ya tenia otro soldado buscando su carne, uso el fusil recuperado como una maza para desviar el ataque, lanzo una patada que impacto en el bajo vientre de su oponente, al caer este volvió nuevamente a usar el fusil como maza.-
¡¡ Lolo atrás, atrás!!- giró el fusil antes que su cabeza, el golpe lo sintió milésimas de segundos después de ensartar por el pecho el cuerpo del enemigo que le había descerrajado un tiro casi a quemarropa, el dolor en la cabeza y la oscuridad llegaron casi a la vez. Intento abrir los ojos, no pudo, sentía como lejano el griterío, un sabor dulzon en la boca y el pasto húmedo y pisoteado acariciándole la cara. A tientas busco el arma, lo único que encontró fue la hoja del caronero quebrado, se aferro a ella como quien lo hace a una cuerda para no caer.
Intento no dormirse, sabia que mientras escuchara las voces y sintiera el filo del caronero en su mano estaba vivo, el tiempo era interminable, lo pisaron dos veces, algo le golpeo su ya dolorida cabeza, un cuerpo cayo sobre el, intento apartarlo, no pudo, sus piernas no le respondían, el cuerpo que tenia encima no lo dejaba respirar, ¿cuánto tiempo mas aguantaría? Comenzó a perder el sentido y todo le pareció vacío, perdió la noción del tiempo, al cabo de un tiempo la presión sobre él aflojo un poco, a lo lejos escucho “este es de los nuestros y esta vivo”, sintió como le tomaban de los brazos y lo cargaban sobre un caballo, el galope lo hizo vomitar después no escucho nada mas y todo fue negro.-
Despertó horas después entumecido de frío y con un fuerte dolor de cabeza, llovía y era de noche, miro en derredor y ahí estaban sus hermanos mateando junto al fogón, habían además algunas cuantas personas mas. Un poco mas allá, en un rancho precariamente iluminado le pareció ver que entraban y salían personas, una de ellas le pareció ser el mismo General Saravia emponchado bajo la lluvia.-
- Donde estamos?
- Mira que saliste duro Lolo, te balearon la sesera y estas vivito y coleando – bromeo como siempre Juan Antonio
- No me acuerdo de nada – dijo Lolo tocándose el tosco vendaje en su cabeza – sentí un golpe en el entrevero y después nada mas
- Yo no te vi caer hermano, pero me dijo el Macario Sosa que te cargaste como a tres antes que te bajaran de un tiro.-
- Si me acuerdo que alguien me grito y después nada mas…
- Ese fue el Macario que vio como te estaban por fusilar por la espalda, dice que ensartaste un zumaco con la bayoneta y que por eso te salvaste que fueras finado. El zumaco herró el tiro y te rozo la sesera.-
- ¡ Y casi quedaste ciego Lolo! - grito un compañero de la misma división – pero como Tata Dios se apiadó de nosotros que íbamos a tener que llevarte a mear y esas cosas, te dejo ver de vuelta.-
Las risas no se hicieron esperar ante la ocurrencia aunque fueron apagadas por la voz del capitán – “mas respeto señores, hoy estamos velando un valiente y llorando varios compañeros caídos”
- Que paso Juan Antonio?
- Cayó el coronel Fortunato, el general Saravia lo esta velando en la pulpería, ahí donde ves las luces
- Nos corrieron Juan Antonio?
- Si, y tenemos suerte de estar vivos, al Coronel Lamas lo cosieron a balazos, dijo el Comandante Gutiérrez que nos rodearon cuatro ejércitos, como nueve mil zumacos. Están marchando de noche para escapar de la encerrona, nosotros nos quedamos en la retaguardia.-
- Toma Lolo, esto te quedo del caronero que te regalo papá, la empuñadura no la pude encontrar entre el barro, y este pedazo de hoja la tenias agarrada de tal manera que tuve que pedir ayuda para soltártela, el doctor no te quería vendar si no lo soltabas, tenia miedo que lo despenaras- dijo Brigido mostrándole lo que había quedado de la larga hoja, algo así como unos setenta centímetros – Capaz que le podes poner otro mango ¿no?
Lolo se incorporo medio mareado aun, todo le daba vueltas, la lluvia fría lo alivio un poco, despejándole la neblina a través de la que veía. Las costras de sangre en sus mejillas se continuaban en el pecho. Juan Antonio le tendió una lanza para que se afirmara. La vara de ñandubay le hizo recobrar la vertical y así caminar hasta el rancho donde se efectuaba el velorio.-
Los paisanos de rostros serios se mantenían en silencio en pequeños grupos en las afueras, dentro del rancho que un día antes había sido pulpería o almacén de ramos generales, sobre un par de mesas y dentro de un cajón de madera descansaba el coronel Fortunato.-
La frente serena, la barba desordenada y el traje negro que contrastaba con el poncho arremangado con el que arengaba a la división horas antes, todo eso dentro de las cuatro maderas del cajón.-
- “Dicen que hasta el mismo general Saravia lloro su muerte hoy” – dijo un joven de hablar pausado con modales de doctor de la ciudad- “así que llore nomás jovencito que hoy se nos fue un patriota”.-
Lolo lo miro y sin decirle nada salio despacio bajo la lluvia fría, allá lejos casi imperceptibles se dibujaban cual si fueran estrellas cientos de lucecitas, eran los fogones del enemigo, la batalla ni por asomo había terminado. Mañana sería otro día, quien sabe cuanta suerte tendría.-
- Cae agua como baba de loco
- Es un disparate, llevamos una semana de lluvia
- ¿Cómo esta la tropa Coronel Lamas?
- El animo es bueno General, pero viene complicada la cosa por el frío
- Tenemos que socorrer a los que estén peor
- Ya dispuse con los jefes de cada división que tomen la previsiones General
- En mi carpa hay un par de ponchos, que se los lleven y se lo den a los que anden mas embromados
- Muy bien Mi General
Los dos lideres de la revolución conversaban mientras recorrían los diferentes vivacs del campamento revolucionario. Aparicio Saravia se guarecía del agua con un poncho de paño negro y el sombrero de ala ancha sobre los ojos. A su lado el coronel Diego Lamas guarecido con un capote militar montaba un picazo de frente blanca que escarceaba a cada paso.-
- Tenga cuidado Coronel que el picazo ese anda de lomo hinchado
- Este picazo es pura pinta, en realidad no mas que un maturrango, pero vio como es esto general, con la escasez de caballada que tenemos no da para andar eligiendo mucho.-
- Usted sabe Coronel que no me gusta esta posición que tenemos, con el Tacuarembo y el Negro crecido tenemos una posición vulnerable. Si nos rodean estamos liquidados
- Podemos bordear el Caraguata y tratar de salir rumbo a Acegua
- No me gusta Lamas… hay por lo menos un ejercito completo viniendo desde Florida. El viejo Meliton Muñoz tiene que haber quedado con la sangre en el ojo después de Cerro Colorado
- Entonces seria una buena idea rumbear al norte, hacia Rivera, aunque tenemos que tratar de no arrimarnos mucho al Yaguari… si Villar mando a cubrir los pasos del Rio Negro es seguro que mando gente al Yaguari y no han podido pasar.-
- Uno no sabe si son burros o se hacen los burros, solamente Villar custodia pasos con ríos crecidos… ahí esta el traidor de Justino Muniz y mi pobre hermano, que hombre zonzo que salió Basilicio…que quiere que le diga, vamos a reforzar la vanguardia y vamos a redoblar la marcha, incluso de noche… a mi me huele a gato encerrado… y el gato somos nosotros. Nos deben de querer rodear y aunque sean unos burros este es el lugar perfecto para que nos encierren. ¿Con cuantos soldados contamos Coronel Lamas?
- Contando la reserva y los desarmados somos dos mil quinientos
- Suficientes para hacerle la pata ancha a cualquiera, pero igual seamos precavidos. ¿Como andamos de armas y proyectiles?
- Casi nada mi General, después de Cerro Colorado estamos en situación crítica, he dado órdenes expresas de no disparar sino a menos de doscientos metros en batalla tendida. De todos modos deberíamos pensar seriamente en conseguir armas y proyectiles
- Razón de más para ser precavidos y rumbear para la frontera entonces. Tenemos que hacer contacto con los amigos para aprovisionarnos.-
Mientras así hablaban Saravia y Lamas, el ejército del gobierno tendía una emboscada con más de 15.000 hombres provenientes de cuatro ejércitos e importantes piezas de artillería.
El ángulo de noventa grados que forman el Río Tacuarembo y el Río Negro, ambos desbordados permitían al gobierno movilizando cuatro ejércitos prácticamente rodear completamente a los revolucionarios
Por el Norte cubriendo la salida hacia Rivera el general Villar, otrora derrotado en Tres Árboles disponía de seis mil hombres con seis piezas de artillería; por el este el ejército del General Arribio con cinco mil hombres, un parque de ametralladoras e importante artillería se movilizaba desde villa Artigas para frenar toda posible salida por las costas del arroyo Caraguatá hacia el este. Los pasos del Polanco del Rio Negro y de Pereyra los custodiaban el general Vázquez y Justino Muniz respectivamente con algo más de cinco mil hombres.-
Justamente en el paso de Pereyra sobre el Rio Negro, Basilicio Saravia, se lamentaba en privado por la suerte de hermano. Con su grado de Coronel del Ejército conocía muy bien el plan establecido. La suerte de la revolución estaba echada, y era en esa ratonera donde se jugaba su destino.-
Menos de un mes antes se habían enfrentado con el ejército de Meliton Muñoz cerca de Cerro Colorado en el departamento de Florida. El mayor poder de fuego del enemigo no había logrado quebrar en ningún momento la línea organizada por el Coronel Diego Lamas. Parapetados tras los terraplenes del ferrocarril mantuvieron casi un día la batalla hasta que la falta de proyectiles y la previsión de una campaña prolongada los hizo replegarse ordenadamente hacia el norte.-
En Montevideo estallaron los nervios de Idiarte Borda tildó de inepto e idiota a su ministro de guerra – “un salvaje analfabeto me esta haciendo hacer el ridículo y a usted parece no importarle general” habría dicho el tirano, para agregar luego “yo que usted me preocuparía un poco mas por el futuro”.-
Si bien el ministro se mostró indignado intentando hacer descargos basados en el honor, ni bien salio del despacho movilizó correos, arrestó jefes y presionó para establecer un plan que acabara con “el salvaje”. Este plan estaba por ponerse en práctica cuando promediaba mayo.-
El 12 de mayo las partidas de observación confirmaron lo que ya se suponía, el cerco se cerraba en torno a los revolucionarios, Saravia dispuso la columna de modo que se intercalaran en función de su poder de fuego.
El plan seguía siendo evitar el combate y tratar de ganar la frontera, es así que se marchaba con paso redoblado buscando la cobertura protectora de los valles. Al caer la tarde del día 13, mientras Lolo y sus compañeros acampaban a casi seis kilómetros del arroyo cerros blancos la noticia de un inminente encuentro al día siguiente corrió como reguero de pólvora entre los revolucionarios.-
Aparicio Saravia ideo una arriesgada maniobra, avanzaría en línea paralela al arroyo marchando hacia el este, tal cual suponían las fuerzas del gobierno. El General Villar había colocado unas pocas partidas visibles, tendidas en guerrillas, disimulando importantes fuerzas escondidas tras una gran cerrillada. Suponía que Saravia intentaría pasar por ese lado al verlo mas débil que el resto de las fuerzas del gobierno. Saravia mismo marcho la mañana del 14 de mayo al frente de esa vanguardia compuesta además por el comandante Mena de la segunda división, la 10ª de Fortunato Jara y la Poronguera, casi sin armas pero con buena caballada; No llegó a pasar mas de media hora de combate cuando el grueso de las fuerzas revolucionarias, donde se encontraba el mayor poder de fuego giraron 90º para atacar de lleno en el centro de las fuerzas gubernistas.-
Los jefes revolucionarios ocuparon el centro de la línea y encabezaron el ataque, la consigna era romper el cerco de alguna manera.-
El campo de batalla se torno un largo frente de más de ocho kilómetros sobre las márgenes del Arroyo Blanco con los cerros del mismo nombre por detrás.
Los disparos, en su mayoría provenían desde el lado del gobierno, los soldados revolucionarios que poseían armas de fuego eran menos de la mitad y tenían orden precisa del Coronel Lamas de no disparar a más de doscientos metros.-
La artillería del gobierno comenzó a diezmar la línea revolucionaria, si bien la maniobra del general Saravia había burlado el parque de artillería más importante en el que se incluían al menos un par de ametralladoras, el general Villar disponía en el centro al menos tres o cuatro piezas de artillería de campaña.-
A las dos de la tarde se quebró la línea del Comandante Mena que se habia tendido unos doscientos metros sobre la rivera norte del Arroyo Blanco. El flanco derecho comenzó a ceder, si se quebraba la batalla estaba terminada.-
- Se desbanda la división de Mena, si perdemos esa posición en el arroyo Blanco la única manera de asegurar la línea es resistiendo desde el bañado– dijo Cayetano Gutierrez al Coronel Gonzalez. Ambos se encontraban sobre una cerrillada distante unos seiscientos metros de la margen sur del arroyo blanco donde “la poronguera” era la reserva del flanco derecho.-
- Tiene razón Coronel. ¡Capitán! Mande a desmontar y vamos a tomar el bañado, mande dos hombres por fusil. Los demás de a caballo y prontos.-
El bañado en cuestión era una extensión de algo mas de un kilómetro de largo por cuatrocientos metros de ancho entre la rivera norte del Arroyo Blanco y un arroyito de cauce estrecho llamado Arroyo Seco. La gran cantidad de agua caída en los últimos días desdibujaba esos límites y hacían del bañado una ciénaga inundada. La altura de las totoras y el pastizal en muchos lugares escondían un hombre.-
Lolo desmonto y atravesó el arroyito con el agua casi en la ingle, no llevaba arma de fuego, tan solo el cuchillo caronero en la mano. A su lado corriendo su compañero cargaba un Rémington Patria con la bayoneta calada, rápidamente se internaron en el bañado mientras pasaban corriendo los últimos hombres de la división del comandante Mena.
En el desconcierto de la línea que amenazaba con quebrarse los hombres de “La Poronguera” rápidamente se mezclaron con hombres de otras divisiones o lo que quedaban de ellas.-
El Coronel Fortunato Jara apareció de la nada montando a caballo. - “¡Aguanten carajo, aguanten `por la patria carajo!”- A su lado, el Capitán Gabino revoleo una lanza con la bandera de la patria en la chuza. “¡¡Firmes carajo, que no crucen el arroyo!!”. Pero los gritos de nada valían ante el avance arrollador de la infantería del gobierno.
- ¡¡Síganme carajo, vamos a mandarle lanza a estos zumacos!!
Un campo anegado en muchos lados y barroso en otros es mudo testigo de lo que está por venir. Los dos bandos se lanzan uno contra otro en una larga franja de pocos cientos metros de ancho
El choque fue violento, Lolo nunca había cargado con una fuerza de infantería, acostumbrado al caballo se hallaba fuera de ambiente, incomodo, corriendo tan solo con su caronero en la mano, el largo cuchillo que acostumbraba llevar casi perpendicularmente a su pierna izquierda, justo por encima de la carona y por debajo el recado, le parecía corto cuando veía aproximarse la compacta y organizada línea de soldados de infantería del ejercito con los fusiles máuser y las bayonetas con forma de espada apuntado hacia delante.-
No miro para el costado, sentía el ruido de las botas de sus compañeros hundiéndose en el barro y el griterío para darse animo, el no gritaba, los labios apretados y la mirada fija adelante en la línea del enemigo que avanzaba fusil en mano, una nueva descarga, el silbido de las balas a su lado, el ruido sordo de la carne recibiendo el plomo, el sonido agónico del caído, ¿Cual seria su bala? ¿Cuantas balas serian necesarias para hacerlo caer?, balas que el no tenia, ni sus compañeros, - “la carne es mas barata compañeros” - había sido el grito del Coronel Fortunato, la línea no debía quebrarse, y allí estaban ellos para sostenerla.-
Diez metros, ocho metros, cinco zancadas mas de sus largas piernas, que extraño pensamiento, ¿como se llamaría el “zumaco” que había elegido para enfrentar?, se miraban a los ojos, ¿tendría familia?, tres zancadas mas, que extraña era la bayoneta, parecía mas fina y mas larga que las demás ¿por qué no lleva uniforme? dos zancadas mas, los ojos del enemigo no tenían miedo, el tampoco.-
El enemigo levanto el fusil he hizo caer la punta de la bayoneta hacia Lolo, a ultimo momento éste giro apenas el torso para impulsar su cuchillo, la bayoneta le rozo el hombro enganchándole la camisa, sintió el caño del fusil impactando contra su carne, echó todo el cuerpo hacia delante, el filo del caronero se hundió en la humanidad del enemigo, sintió como el acero desgarraba músculos y vísceras del desafortunado hasta que se detuvo en algún obstáculo que le tenso la mano.-
El impulso que llevaban los dos hombres los hizo chocar, Lolo no soltó la empuñadura de su arma, escucho el quejido de su oponente cuando los cuerpos se juntaron y el chasquido de la hoja de su cuchillo al quebrase. Con la mano izquierda instintivamente asió el caño del fusil enemigo, la resistencia del otro cuerpo cedió y juntos cayeron sobre el fango.-
Había pasado menos de un minuto desde el comienzo de la carga, con la línea casi quebrada, casi sin balas, se habían lanzado contra un enemigo que los superaba en número y que amenazaba con vencerlos.-
Atrás quedaba el viejo Coronel Fortunato arengándolos con su lanza en alto, le parecía haberlo visto caer, seria una infamia que una bala de un máuser se llevara una vida gaucha, guapa, victoriosa de tantas cargas como esta ahora, acero en mano.-
Miro el caronero quebrado, regalo de su padre, intento recuperar la hoja quebrada del cuerpo del enemigo, no tuvo tiempo de mas nada, ahí arriba ya tenia otro soldado buscando su carne, uso el fusil recuperado como una maza para desviar el ataque, lanzo una patada que impacto en el bajo vientre de su oponente, al caer este volvió nuevamente a usar el fusil como maza.-
¡¡ Lolo atrás, atrás!!- giró el fusil antes que su cabeza, el golpe lo sintió milésimas de segundos después de ensartar por el pecho el cuerpo del enemigo que le había descerrajado un tiro casi a quemarropa, el dolor en la cabeza y la oscuridad llegaron casi a la vez. Intento abrir los ojos, no pudo, sentía como lejano el griterío, un sabor dulzon en la boca y el pasto húmedo y pisoteado acariciándole la cara. A tientas busco el arma, lo único que encontró fue la hoja del caronero quebrado, se aferro a ella como quien lo hace a una cuerda para no caer.
Intento no dormirse, sabia que mientras escuchara las voces y sintiera el filo del caronero en su mano estaba vivo, el tiempo era interminable, lo pisaron dos veces, algo le golpeo su ya dolorida cabeza, un cuerpo cayo sobre el, intento apartarlo, no pudo, sus piernas no le respondían, el cuerpo que tenia encima no lo dejaba respirar, ¿cuánto tiempo mas aguantaría? Comenzó a perder el sentido y todo le pareció vacío, perdió la noción del tiempo, al cabo de un tiempo la presión sobre él aflojo un poco, a lo lejos escucho “este es de los nuestros y esta vivo”, sintió como le tomaban de los brazos y lo cargaban sobre un caballo, el galope lo hizo vomitar después no escucho nada mas y todo fue negro.-
Despertó horas después entumecido de frío y con un fuerte dolor de cabeza, llovía y era de noche, miro en derredor y ahí estaban sus hermanos mateando junto al fogón, habían además algunas cuantas personas mas. Un poco mas allá, en un rancho precariamente iluminado le pareció ver que entraban y salían personas, una de ellas le pareció ser el mismo General Saravia emponchado bajo la lluvia.-
- Donde estamos?
- Mira que saliste duro Lolo, te balearon la sesera y estas vivito y coleando – bromeo como siempre Juan Antonio
- No me acuerdo de nada – dijo Lolo tocándose el tosco vendaje en su cabeza – sentí un golpe en el entrevero y después nada mas
- Yo no te vi caer hermano, pero me dijo el Macario Sosa que te cargaste como a tres antes que te bajaran de un tiro.-
- Si me acuerdo que alguien me grito y después nada mas…
- Ese fue el Macario que vio como te estaban por fusilar por la espalda, dice que ensartaste un zumaco con la bayoneta y que por eso te salvaste que fueras finado. El zumaco herró el tiro y te rozo la sesera.-
- ¡ Y casi quedaste ciego Lolo! - grito un compañero de la misma división – pero como Tata Dios se apiadó de nosotros que íbamos a tener que llevarte a mear y esas cosas, te dejo ver de vuelta.-
Las risas no se hicieron esperar ante la ocurrencia aunque fueron apagadas por la voz del capitán – “mas respeto señores, hoy estamos velando un valiente y llorando varios compañeros caídos”
- Que paso Juan Antonio?
- Cayó el coronel Fortunato, el general Saravia lo esta velando en la pulpería, ahí donde ves las luces
- Nos corrieron Juan Antonio?
- Si, y tenemos suerte de estar vivos, al Coronel Lamas lo cosieron a balazos, dijo el Comandante Gutiérrez que nos rodearon cuatro ejércitos, como nueve mil zumacos. Están marchando de noche para escapar de la encerrona, nosotros nos quedamos en la retaguardia.-
- Toma Lolo, esto te quedo del caronero que te regalo papá, la empuñadura no la pude encontrar entre el barro, y este pedazo de hoja la tenias agarrada de tal manera que tuve que pedir ayuda para soltártela, el doctor no te quería vendar si no lo soltabas, tenia miedo que lo despenaras- dijo Brigido mostrándole lo que había quedado de la larga hoja, algo así como unos setenta centímetros – Capaz que le podes poner otro mango ¿no?
Lolo se incorporo medio mareado aun, todo le daba vueltas, la lluvia fría lo alivio un poco, despejándole la neblina a través de la que veía. Las costras de sangre en sus mejillas se continuaban en el pecho. Juan Antonio le tendió una lanza para que se afirmara. La vara de ñandubay le hizo recobrar la vertical y así caminar hasta el rancho donde se efectuaba el velorio.-
Los paisanos de rostros serios se mantenían en silencio en pequeños grupos en las afueras, dentro del rancho que un día antes había sido pulpería o almacén de ramos generales, sobre un par de mesas y dentro de un cajón de madera descansaba el coronel Fortunato.-
La frente serena, la barba desordenada y el traje negro que contrastaba con el poncho arremangado con el que arengaba a la división horas antes, todo eso dentro de las cuatro maderas del cajón.-
- “Dicen que hasta el mismo general Saravia lloro su muerte hoy” – dijo un joven de hablar pausado con modales de doctor de la ciudad- “así que llore nomás jovencito que hoy se nos fue un patriota”.-
Lolo lo miro y sin decirle nada salio despacio bajo la lluvia fría, allá lejos casi imperceptibles se dibujaban cual si fueran estrellas cientos de lucecitas, eran los fogones del enemigo, la batalla ni por asomo había terminado. Mañana sería otro día, quien sabe cuanta suerte tendría.-
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