Después del encuentro entre los dos lideres de la revolución el grueso de la misma continuo su marcha, en tanto eso, la división del Coronel Núñez por orden de Duvimioso Terra y por interés propio del mismo coronel al que le costaba reconocer el liderazgo de Saravia y Lamas marcho con rumbo a Melo y después a su destino final en pueblo Artigas, casi sobre la laguna Merin.-
Es así que el cuerpo revolucionario no pasaba los tres mil hombres cuando apenas despuntaba el mes de abril.-
El coronel Lamas, militar de carrera hacia lo que podía para formar militarmente aquella masa compacta llena de valor y energía pero carente de disciplina militar y muchas veces con total desconocimiento del manejo de los modernos fusiles de repetición que se empezaban a usar en el campo de batalla.-
Las prácticas de tiro, sin disparar un tiro, aunque carezcan de sentido eran constantes en los breves descansos del ejército. Los oficiales debían de lidiar primero con la instrucción pero por otro lado con lo escasez de fusiles y proyectiles.-
“Lo importante al menos, -según decía Lamas- es familiarizar al soldado con el arma que puede recuperar en el campo de batalla del enemigo o del propio compañero caído”
Estaban en una de esas prácticas los tiradores de “La poronguera”, cuando se arrimo al fogón donde conversaba el comando de la división el Coronel Fortunato Jara.-
Este era un paisano bien plantado, de edad indefinida aunque debería andar por los ochenta años, alta la cabeza, melena blanca, la golilla oculta en su cuello de toro por una larga barba blanca enmarañada, de su cara apenas se veía la filosa nariz aguileña y unos enormes ojos negros. Casi en la nuca un sombrero de ala ancha con una cinta otrora blanca ahora casi amarilla en el que se leía “Oribe, leyes o muerte”
En mangas de camisa, erguido el tronco de anchas espaldas y pecho recio, poncho blanco arremangado sobre el hombro, los poderosos brazos tostados por los largos soles e interminables fríos parecían dos gruesas ramas escapando de un tronco de quebracho.-
Estribaba firme y largo como acostumbra el hombre formado en largas jornadas a caballo, el cuerpo ligeramente echado hacia atrás, casi al final del apero con que montaba un poderoso pangare, al que llevaba de rienda corta y pescuezo doblado. No llevaba mas armas de fuego que un viejo revolver sin canana ni cartuchera, apretado por el cinto.-
Cruzado en la espalda un enorme facón, casi del tamaño de un caronero, de hoja ancha, hecho según decían del sable con el que cayo su padre en campos de India Muerta al lado del mismo general Artigas.-
Cuando se arrimó al fogón, se incorporaron rápidamente todos los presentes y hasta el mismísimo Coronel González ensayo un solemne “Mi Coronel”
- Buenas tardes compañeros
- Buenas Coronel, gusta un mate
- Estaría bueno, ¿como va con sus tiradores Coronel González?
- Van aprendiendo, aunque usted sabe que yo prefiero siempre una carga a lanza como en la patria vieja Coronel Fortunanto. - al coronel se le conocía mas por su nombre que por su apellido
- Si tendremos cargas para contar, se acuerda en “Carpintería” con el General Oribe, ¡¡ hicimos temblar a los zumacos!!
- ¡¡ y en Caraguatá!! Cuando desbandamos a los gringos aquellos de penachos y les birlamos los cuatro cañones
- No me voy a acordar, quebré un tostado precioso regalo del mismo Dionisio Coronel, lindo pingo, lo había domado el indio Zenaque. Me acuerdo que el tostado se enredo en las ruedas del cañón y rodé entre la gringada con la lanza en la mano, ¡¡Casi me ensarto yo!!! Dijo el viejo coronel Fortunato riendo con toda su enrome humanidad
- Éramos unos mocitos Coronel, yo ni barba tenía
- Y mire ahora, somos unos viejos barbudos y barrigones – continuo riéndose el Coronel
- Pero duros como aspa de buey barcino
- Si señor, así es. Dígame Coronel, me dijo el Coronel Lamas que entre su gente hay alguno baquiano y de a caballo para hacer una bombeada por ahí
- Si señor, hay gente buenaza y bien de a caballo
- Voy a precisar unos diez, y que además sean buenos con el cuchillo. No puedo llevar de mi gente porque son todos conocidos en el pago y para este asunto son buenos los forasteros.-
- Tengo esa gente sin problemas, ¿quien los va a comandar?
- Yo mismo
El Coronel González se incorporo con dificultad y como quien en medio de un rodeo aparta el ganado, así miro en derredor suyo, en los fogones donde descansaba su división y en los piquetes de veinte hombres haciendo instrucción con los fusiles.- Tomada su decisión, se encamino hacia el grupo donde estaba la gente de VillasBoas, ahí estaba Lolo.- “Capitán, venga conmigo que tiene una misión con el Coronel Jara” dijo dirigiéndose al capitán Bethancourt.-
Una vez que hubiesen parlamentado casi por diez minutos, el capitán Betancourt volvió al fogón y dijo – “Vamos a ensillar que salimos en media hora, lleven únicamente lo imprescindible, no lleven fusiles ni lanzas, dejan todo con el Teniente Galain. Pascual y Nepomuceno – dijo dirigiéndose a un par de soldados bastante entrados en quilos – ustedes se quedan por aquí, los demás me ven en el fogón del coronel en quince minutos”
Sin dar tiempo a replica y con el gesto adusto Behtancourt se retiro a paso firme hacia el fogón del coronel González donde estaba éste junto al Coronel Gutiérrez y al mítico Coronel Fortunanto conversaban mate de por medio.-
Una vez montada la partida se presentaron para la revista frente al comando, el viejo Coronel Fortunato inspecciono uno por uno los caballos, aperos y vestimenta de la tropa, controlo los pertrechos y hasta la ropa de cada uno. Le hizo quitar la casaca militar “carcheada” Tres Arboles a uno y el sable a otro, cuando llego frente a Lolo le observo el trabuco de doble caño semi oculto en el recado.-
- Muéstreme el trabuco soldado
- Si señor
- ¿que munición tiene para cargarlo?
- Clavos picado señor
- ¿yesca?
- Si señor
- ¿lo lleva cargado?
- Si señor
- ¿Dónde lo consiguió?
- De mi abuelo señor, ya me salvo el cuero una vez
- ¿Cómo se llama usted soldado?
- Deolindo Recuero y soy de cuchilla de Villas Boas
- Esta bueno. Pero déjelo no sea cosa que se vuele una pata. Este es medio guri Capitan.-
- Respondo por el mi coronel – dijo el capitan
- Ta bueno entonces, siempre es bueno un mocito pa una galopeada de apuro.
Escuchen mozos, se comenta que por aquí anda Justino Muniz con una fuerza importante, tenemos que encontrarla y darle todos los detalles al General Saravia. Vamos a pasar por lugares donde somos considerados enemigos, y si nos agarran seguro somos finados antes que nos demos cuenta. Vamos a andar de noche y tratar de pasar desapercibidos de día.-
- Vamos a tener contacto con el cuerpo principal – pregunto el Capitán Bethencourt
- No capitán, solo si nos pechamos con Muniz, sino estamos solos. ¿Alguna pregunta señores?
- No mi coronel
- A caballo entonces.
La partida salio con el gallardo anciano al frente, haciendo caracolear el pangaré, la blanca cabellera se mecía sobre los anchos hombros.
En tanto se movía la columna revolucionaria al noreste con rumbo al arroyo Zapallar, la partida bordeó el arroyo Tupambae y marchó en línea recta hacia Melo, siempre marchando de noche y por lugares donde no fueran vistos por el enemigo.-
Después de casi dos días a caballo, cerca de los montes del río Cebollati, mientras descansaban en lo profundo de un pajonal, escucharon ruidos de caballos; acechando lo mismo que un animal cuando olfatea la presa, el Coronel Fortunato mando un par de hombres al borde del pajonal para traer información, con ellos fue Lolo para oficiar de chasque.-
Así procedieron, arrastrándose entre las pajas, lastimándole éstas sus extremidades y sus caras se acercaron hasta casi treinta metros de la columna que avanzaba con destino al Cebollati, eran fuerzas del gobierno mezcladas con paisanos de vestimenta informal, no podían caber dudas, ahí estaba la vanguardia del General Muniz.
- Vamos a mandar un chasque al general Saravia- dijo el Coronel ni bien se enteró de la noticia- hay que avisarle que el traidor anda por aquí, y por lo que me dice usted mocito no muy bien armado pero con buena caballada.-
- A quien quiere que mande mi coronel –dijo el capitán Bethencourt .-
- Vamos a mandar a un baqueano de la zona, buen amigo y afín a la causa. Siguiendo derecho a aquel montecito de talas, más o menos tres leguas va a encontrar unos ranchitos casi justo en un pajizal, pregunte por el negro Mario y dígale que quieren comprar un cuero de puma, pague con esta moneda de oro, le va a preguntar por mí, dígale que ando a caballo. Si hay peligro el negro le va a dar el cuero y nada más, si todo esta bien le va a convidar con un trago de caña. Recién ahí le dice que vaya con el general y que le diga que tenemos a Muniz en el Cebollati y que vamos a intentar detenerlo un poco.
- Si señor, Lolo monta a caballo que vas vos
- No Capitán, déjeme al mocito que lo vamos a necesitar para distraerle la caballada a Muniz – dijo Fortunato Jara mirando a Lolo
- Como ordene Coronel.
- Esta noche vamos a acercarnos al campamento, lo va a acompañar Torcuato, - dijo señalando a un indio de rostro anguloso y pequeña estatura- miren todo lo que tiene, cuantos caballos, como ordenan el parque, donde duerme Muniz. Confío en usted guri.-
Una vez llegada la noche, Lolo y Torcuato se desnudaron totalmente y embadurnaron su cuerpo con grasa de yegua y carbón, de esa manera podían nadar hasta la otra margen del Cebollati sin hacer ruido ni morir de frío. Se sumergieron en el agua helada. Cuando Lolo quiso dar una brazada el indio lo sujeto de la mano y le dijo casi en silencio – “a lo perro mijo” y nado solo con la cabeza fuera del agua impulsándose con los brazos por debajo como nada el perro.-
Una vez llegado a la otra orilla salieron del agua y treparon por la barranca sin hacer ruido, el campamento estaba en silencio, apenas los tizones de los fogones encendidos y algún fueguito en la periferia que delataba los centinelas.-
Debían ser unos quinientos hombres, la mayoría dormían en carpas de lona aunque algunos, los menos, se guarecían solo tapados con sus ponchos. La carpa de Muniz debía ser una grande, de color blanco en la que se habían apostado dos centinelas que fumaban en silencio.-
Casi unos seiscientos metros más allá, recostada contra el río por un lado y rodeada por un piquete hecho de lazos y varas clavadas al suelo estaba la caballada, cerca de seiscientos animales más algún ganado que serviría sin duda para el consumo.-
Custodiaban estos animales un destacamento de unos cuarenta hombres diseminados a lo largo del inmenso y precario corral. Los dos hombres se acercaron hasta casi la caballada misma, los animales los olfatearon recelosos pero pronto se acostumbraron a los dos extraños seres que caminaban entre ellos.-
Siempre entre las sombras se acercaron hasta casi tocar con la mano el parque del general Muniz, aquel consistía en tres carretas con toldo de cuero protegidas por diez hombres, la ausencia de un fogón en torno a estas declaraba la presencia de pólvora y proyectiles de fácil explosión.-
De la misma manera que llegaron, Lolo y Torcuato se metieron en el río y nadaron hasta la otra orilla donde dieron cuenta de la situación. Fortunanto escucho con atención y tomo la decisión de atacar esa noche. Esta vez junto a los dos comandos iníciales se unieron dos revolucionarios mas y el mismo Capitan Bethencourt.-
Llegaron nuevamente a la rivera del río que hacia las veces de corral, Torcuato cuchillo en mano fue el encargado de eliminar el primer centinela, el otro que dormía contra el fogón paso de un sueño a otro sin darse cuenta que estaba pasando.- Ya dentro del corral uno de ellos desenvolvió de un cuero un buen trozo de cebo de yegua y un montón de paja seca, entre las patas de los caballos los demás se acercaron a uno de los costados y cortaron los sobeos que hacían de corral, después un griterío y el incendio de la paja que asusto la caballada y provoco la estampida.-
El desconcierto fue total, los revolucionarios totalmente desnudos con el cuerpo tiznado y embadurnado parecían figuras fantasmales azuzando la caballada, en tanto eso pasaba, Torcuato tomo sus tres marías, las embadurno de grasa y las incendio. Luego de eso con un certero tiro de bolas incendio una de las carretas del parque. La explosión solo demoro un par de minutos.-
La caballada cruzo todo el campamento destrozando fogones, aterrizando carpas y destrozando huesos. Para cuando Muniz pudo darse cuenta de donde venia el ataque, ya los hombres comenzaban a nadar con todas las fuerzas de sus brazos, corriente abajo hacia la otra rivera del cebollati.
Con una antorcha encendida en la mano derecha el viejo Fortunto apareció en un claro de la orilla contraria distante unos cien metros rio arriba del cruce de los comandos ¡¡ Aquí estoy Justino traidor, hijo de una gran puta, soy Fortunato. Que viva la revolución y el General Aparicio!!
Algunas balas buscaron su carne mientras el viejo continuaba: “Alcahuete los copetudos, veni con el facon, veni y pelea como un hombre. ¡¡ Viva Chiquito Saravia juna gran puta” en tanto las balas buscaban al viejo que saltaba de un lado a otro revoleando la antorcha encendida los comandos ganaban la orilla protegidos por la oscuridad de la noche.-
Horas después, en medio del pajonal y sin poder encender una fogata delatora, ateridos de frío pero inmensamente felices por la acción los comandos buscaban entrar en calor pasándose una botella de caña blanca, el coronel Fortunato le tendió la botella a Lolo – “Tome guri, hoy se lo gano con creces”.-
Lolo empino la botella y un fuego le corrió por dentro haciéndole toser hasta lagrimear – “Entonces mi coronel, si me gane algo, con sumo respeto, en vez de decirme guri dígame soldado- Lolo hizo una pausa y luego mirando a los ojos al viejo comandante continuó - si usted cree que me lo merezco”.-
Sabado previo al balotage..
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
martes, 20 de octubre de 2009
martes, 13 de octubre de 2009
CAPITULO V – EL FUSILAMIENTO
CAPITULO V – EL FUSILAMIENTO
Establecido el campamento en las costas del arroyo Tupambae mientras el estado mayor del general diagrama la estrategia a seguir de aquí en más un clima denso comienza a vivirse entre un par de comandantes que no desean someterse a la autoridad de Saravia y los que lo entienden como líder natural.
Por ahí esta el plan de guerra aprobado en el exilio en Buenos Aires, por aquí esta la realidad de la campaña en guerra.
Justino Muniz, caudillo blanco devenido en colorado acecha con sus fuerzas y es vital neutralizarlas. No todos reconocen la figura del caudillo – “No me gusta mucho el cotorreo que tienen el doctor Terra con el comandante Núñez” le comenta el Comandante Gutierrez al viejo José Gonzalez
- A mi se me hace que hay gato encerrado- respondió el viejo – que hará el Coronel Lamas?
- Lamas es un patriota, el doctorcito este no se, me da mala espina, y me da la impresión que Núñez anda de cuajo revirado – respondió Gutiérrez
- Acá no se puede dudar, la única opción es estar con el General, otra cosa es traición y solo traicionan los cobardes.
- Lo mismo pienso yo, coronel González, es muy fácil hacer la guerra sin arriesgar el pellejo. ¿le parece que tengamos una prosa con alguno de los otros jefes?
- Se me hace que si don Cayetano, déjeme a mi que me encargo de hablar con el viejo Muñoz y con Ciceron.-
-
En realidad el recelo de los comandantes de la Poronguera con Duvimioso Terra y el comandante Núñez venía de unos días antes de producirse el combate en Paso de Rubí y había comenzado por una “soncera” al decir de Juan Antonio el hermano mayor de Lolo quien había sido parte del incidente.-
El Coronel Lamas se había enterado, antes de cruzar el Río Negro hacia el sur, que en los campos de Ciriaco Sosa (fuerte caudillo colorado de los pagos de Durazno) había una caballada de gran nivel, no por la cantidad ya que no llegaban a la centena, sino por la calidad. Una vez mas confió la captura de los mismos a la gente de Ramón Galain entre los que se encontraban Lolo y sus hermanos.
Cruzada la caballada, Duvimioso Terra usando su influencia quiso apoderarse de un “reservado” cosa que le fue negada por el Teniente Galain a cargo de la partida, esto molesto de sobremanera a Duvimioso Terra quien envió al comandante Uran para que se hiciera con el animal.-
- Le ordena el Dr. Terra que entregue ese caballo inmediatamente, de lo contrario el le va a enseñar a obedecer - dijo Uran sin siquiera saludar al Coronel Cayetano Gutiérrez cuando estaba éste con su división.-
- Mire usted – dijo Gutierrez y se echo para atrás el sombrero – Digale al Dr. Terra que venga el mismo a buscarlo… ahí esta – señalando el brete de sobeos – y venga usted también comandante que los dos van a llevar. ¡¡ Galain!! Haga echar pie a tierra a los infantes y si vienen estos señores me los recibe a balazos sin mediar orden. ¡¿Comprendió!?
- Si mi comandante. Desmonten de a uno en fila!! Formen!!!
Los infantes aprontaron las armas y el comandante Uran retrocedió picando espuelas a su caballo.-
El episodio siguió luego cuando José F Gonzalez, enterado del echo por Gutierrez quien manifestó la decisión era irrevocable “los cago a balazos y después me retiro con mi gente” , increpó de dura manera a Duvimioso Terra.-
- Escúcheme Doctor, no me venga a presionar. Yo solo acato ordenes del Coronel Lamas que es quien me manda el día de la pelea, pero no de usted.-
- No le permito que me hable asi, le voy a instruir un sumario y le voy a hacer pegar cuatro tiros por insubordinado- exclamo Duvimioso Terra
- Que no le tiemble el pulso doctor, aunque si no fuera maula me los pegaría usted mismo – dijo extendiéndole su revolver
El asunto se zanjo con la intervención de Cicerón Marín. En el sumario posterior que Terra le instruyo a González éste tuvo solo un voto en contra, el del comandante José Núñez. El sumario no tuvo andamiento, pero el ánimo no era el mismo entre los comandantes de las divisiones.-
El campamento siguió enrarecido por las discrepancias entre el General Saravia y Duvimioso Terra al se agregaba la molestia del coronel Núñez con el coronel Lamas. Aparicio Saravia sostenía la importancia de desmembrar el aparato armado del general Muniz, con el apoyo de Lamas y la cerrada negativa de Terra que pugnaba por llegar a la frontera apoyado por Núñez quien a su vez solicitaba la incorporación de más armas de fuego para continuar la lucha.-
Enterados los viejos jefes revolucionarios del “candombe” que había, al decir de Basilio Muñoz, comisionaron a éste para que conferenciara con el General Saravia y le hiciera saber de las novedades. Después de un rato de conversación trivial Saravia como al descuido dijo
- Usted disculpe don Basilio, pero se lo ve medio preocupado...-
- Usted sabe que si General, hay un candombe medio raro con el Comandante Nuñez y el Doctor Terra…
- Me pareció que si…este doctor que no se bien como se pronuncia el nombre me quiso arrear con el poncho el otro dia…
- Se me hace General que a la gente que vino de Buenos Aires no le gustó mucho que el Coronel Lamas sea el segundo.
Saravia medito un segundo mientras armaba un cigarro y soltó una risa socarrona “amigazo,- dijo- esta claro que los leguleyos de la ciudad nunca entenderán nada, son como los tizones, sino queman tiznan. Vamos a ver como sigue la cosa, lo que es seguro es que vamos a tener que colar mucha grasa para hacer las velas”
Mientras esto ocurría en el campamento revolucionario, no lejos de ahí, sobre una cuchilla, Jacinto Urtamendia, veía llegar, receloso, a cuatro jinetes de divisa blanca que se aproximaban al trote corto a su estancia.-
Este era un establecimiento típico de campo, construcción de material, recia, de líneas rectas y aspecto rectangular. Dos bloques grandes de construcciones en forma de paréntesis rectos resguardaban en su centro un patio de ladrillos y un aljibe. A este patio daban todas las puertas de las habitaciones, en cada uno de los lados largos de ese rectángulo estaban la cocina y las despensa y en el lado opuesto los dormitorios; en cada cabecera, o lado corto el comedor principal y en frente la habitación de Urtamendia y su mujer. Los únicos accesos a este patio estaban protegidos por dos puertas de rejas de importante grosor.-.
Mas allá los galpones de la peonada, los bretes, los corrales y el tambo.
Urtamendia estaba solo con su mujer y sus hijas, protegiéndose de la guerra había mandado al capataz y los peones a llevar casi todo el ganado mas allá de la frontera según lo había aconsejado su buen amigo el General Muniz. El hombre simpatizaba con el partido colorado, cosa sabida en el pago. No era buena cosa que se aproximaran los cuatros jinetes blancos. Mandó para adentro a las mujeres y desde la puerta de rejas recibió a los visitantes, después de unos cabildeos el fondo del alma humana se hizo dueña de la situación.-
Después del caos y los llantos, de la violencia y la barbarie solo quedaron los despojos y el silencio, el doloroso silencio con el que se vela la inocencia perdida y se protege la vergüenza aislándola de la verdad.-
En el campamento revolucionario un Capitán llego y pidió permiso para hablar con Saravia, con el venia un vecino de rostro sombrío, el fue quien comunicó la horrenda noticia de lo acontecido en los de Urtamendia.-
Después de escuchar en silencio, Saravia ciego de rabia salió y ordeno formar para pasar revista, era el 30 de marzo de 1897, con todo el ejército formado partió sin más compañía que aquel vecino portador de la desgraciada noticia a visitar el establecimiento de Urtamendia. Al cabo de un par de horas regreso al campamento en compañía de la viuda de aquel.-
Al paso de los caballos recorrieron las filas de soldados hasta que sin dudar la viuda señalo hacia la formación del coronel Núñez. Un teniente fue el señalado por la pobre mujer. El General frenó su caballo y pidió al coronel que separara de la formación la persona señalada mientras confiaba a la pobre mujer al cuidado del doctor Ponce.-
En veinte minutos de interrogatorio se atrapó a los otros tres cómplices, todos fueron condenados a muerte sin más dilación.-
- Usted no puede condenar a muerte a esta gente solo por la acusación de una viuda y la forzada confesión de un hombre – dijo el coronel Nuñez intentando proteger al amigo de varias campañas.
- Yo puedo mas de lo que usted cree compañero, - retruco el general Saravia -Coronel Lamas, disponga la ejecución , no se pude hacer un corral con postes podridos.-
Los reos se formaron con los ojos vendados y las manos atadas, uno de ellos gimió pidiendo clemencia ante el general Saravia.
- De la misma manera le deben de haber suplicado esas pobres mujeres, al menos muera con la dignidad que no tuvo cuando vivió. Proceda Coronel, el tiempo es muy caro para las urgencias de la patria.-
- Si mi general.
Lamas camino unos metros hacia el capitán que comandaba el pelotón, una vez llegado ordeno – “Proceda a ejecutar a estas personas Capitán”. Los tiradores apuntaron y a la orden del capitán sonó la cerrada descarga, los cuatro hombres se derrumbaron, el silencio posterior a la descarga se podía cortar a cuchillo
– “Se acaba de fusilar a estos hombres, reos del delito de asesinato, violación y
robo – dijo el coronel Lamas a toda la oficialidad reunida – todos los que incurran en el mismo delito tendrán idéntica pena. Comuníquenlo a la tropa”
- No Coronel – dijo Saravia – no solo que lo comuniquen, ordene a la tropa desfilar frente a los cadáveres. Que todos entiendan que en este ejercito no hay lugar para los delincuentes.-
Los hombres desfilaron en silencio, de gesto serio, todos de a pie. Luego del desfile de la tropa, ya de noche, en el fogón de Lolo se comentaba el insuceso entre los hermanos y varios amigos
- El coronel dice que no se va a permitir el degüello de los prisioneros – comento Brigido mientras revolvía las brazas.-
- Hoy estuvo fiero – dijo Lolo - si hasta lloraba el pobre indio cuando lo tenían prendido, tan guapo que parecía. Buenas noches comandante - Cayetano Gutiérrez tranquilamente se había arrimado al fogón – ¿ gusta un mate? decía mi padre que ayuda pasar los malos tragos.-
- Es cierto – respondió Gutierrez - Un mate ayuda a pasar la vida, Lolo,… a pasar la vida. Ya vas a aprender.-
Establecido el campamento en las costas del arroyo Tupambae mientras el estado mayor del general diagrama la estrategia a seguir de aquí en más un clima denso comienza a vivirse entre un par de comandantes que no desean someterse a la autoridad de Saravia y los que lo entienden como líder natural.
Por ahí esta el plan de guerra aprobado en el exilio en Buenos Aires, por aquí esta la realidad de la campaña en guerra.
Justino Muniz, caudillo blanco devenido en colorado acecha con sus fuerzas y es vital neutralizarlas. No todos reconocen la figura del caudillo – “No me gusta mucho el cotorreo que tienen el doctor Terra con el comandante Núñez” le comenta el Comandante Gutierrez al viejo José Gonzalez
- A mi se me hace que hay gato encerrado- respondió el viejo – que hará el Coronel Lamas?
- Lamas es un patriota, el doctorcito este no se, me da mala espina, y me da la impresión que Núñez anda de cuajo revirado – respondió Gutiérrez
- Acá no se puede dudar, la única opción es estar con el General, otra cosa es traición y solo traicionan los cobardes.
- Lo mismo pienso yo, coronel González, es muy fácil hacer la guerra sin arriesgar el pellejo. ¿le parece que tengamos una prosa con alguno de los otros jefes?
- Se me hace que si don Cayetano, déjeme a mi que me encargo de hablar con el viejo Muñoz y con Ciceron.-
-
En realidad el recelo de los comandantes de la Poronguera con Duvimioso Terra y el comandante Núñez venía de unos días antes de producirse el combate en Paso de Rubí y había comenzado por una “soncera” al decir de Juan Antonio el hermano mayor de Lolo quien había sido parte del incidente.-
El Coronel Lamas se había enterado, antes de cruzar el Río Negro hacia el sur, que en los campos de Ciriaco Sosa (fuerte caudillo colorado de los pagos de Durazno) había una caballada de gran nivel, no por la cantidad ya que no llegaban a la centena, sino por la calidad. Una vez mas confió la captura de los mismos a la gente de Ramón Galain entre los que se encontraban Lolo y sus hermanos.
Cruzada la caballada, Duvimioso Terra usando su influencia quiso apoderarse de un “reservado” cosa que le fue negada por el Teniente Galain a cargo de la partida, esto molesto de sobremanera a Duvimioso Terra quien envió al comandante Uran para que se hiciera con el animal.-
- Le ordena el Dr. Terra que entregue ese caballo inmediatamente, de lo contrario el le va a enseñar a obedecer - dijo Uran sin siquiera saludar al Coronel Cayetano Gutiérrez cuando estaba éste con su división.-
- Mire usted – dijo Gutierrez y se echo para atrás el sombrero – Digale al Dr. Terra que venga el mismo a buscarlo… ahí esta – señalando el brete de sobeos – y venga usted también comandante que los dos van a llevar. ¡¡ Galain!! Haga echar pie a tierra a los infantes y si vienen estos señores me los recibe a balazos sin mediar orden. ¡¿Comprendió!?
- Si mi comandante. Desmonten de a uno en fila!! Formen!!!
Los infantes aprontaron las armas y el comandante Uran retrocedió picando espuelas a su caballo.-
El episodio siguió luego cuando José F Gonzalez, enterado del echo por Gutierrez quien manifestó la decisión era irrevocable “los cago a balazos y después me retiro con mi gente” , increpó de dura manera a Duvimioso Terra.-
- Escúcheme Doctor, no me venga a presionar. Yo solo acato ordenes del Coronel Lamas que es quien me manda el día de la pelea, pero no de usted.-
- No le permito que me hable asi, le voy a instruir un sumario y le voy a hacer pegar cuatro tiros por insubordinado- exclamo Duvimioso Terra
- Que no le tiemble el pulso doctor, aunque si no fuera maula me los pegaría usted mismo – dijo extendiéndole su revolver
El asunto se zanjo con la intervención de Cicerón Marín. En el sumario posterior que Terra le instruyo a González éste tuvo solo un voto en contra, el del comandante José Núñez. El sumario no tuvo andamiento, pero el ánimo no era el mismo entre los comandantes de las divisiones.-
El campamento siguió enrarecido por las discrepancias entre el General Saravia y Duvimioso Terra al se agregaba la molestia del coronel Núñez con el coronel Lamas. Aparicio Saravia sostenía la importancia de desmembrar el aparato armado del general Muniz, con el apoyo de Lamas y la cerrada negativa de Terra que pugnaba por llegar a la frontera apoyado por Núñez quien a su vez solicitaba la incorporación de más armas de fuego para continuar la lucha.-
Enterados los viejos jefes revolucionarios del “candombe” que había, al decir de Basilio Muñoz, comisionaron a éste para que conferenciara con el General Saravia y le hiciera saber de las novedades. Después de un rato de conversación trivial Saravia como al descuido dijo
- Usted disculpe don Basilio, pero se lo ve medio preocupado...-
- Usted sabe que si General, hay un candombe medio raro con el Comandante Nuñez y el Doctor Terra…
- Me pareció que si…este doctor que no se bien como se pronuncia el nombre me quiso arrear con el poncho el otro dia…
- Se me hace General que a la gente que vino de Buenos Aires no le gustó mucho que el Coronel Lamas sea el segundo.
Saravia medito un segundo mientras armaba un cigarro y soltó una risa socarrona “amigazo,- dijo- esta claro que los leguleyos de la ciudad nunca entenderán nada, son como los tizones, sino queman tiznan. Vamos a ver como sigue la cosa, lo que es seguro es que vamos a tener que colar mucha grasa para hacer las velas”
Mientras esto ocurría en el campamento revolucionario, no lejos de ahí, sobre una cuchilla, Jacinto Urtamendia, veía llegar, receloso, a cuatro jinetes de divisa blanca que se aproximaban al trote corto a su estancia.-
Este era un establecimiento típico de campo, construcción de material, recia, de líneas rectas y aspecto rectangular. Dos bloques grandes de construcciones en forma de paréntesis rectos resguardaban en su centro un patio de ladrillos y un aljibe. A este patio daban todas las puertas de las habitaciones, en cada uno de los lados largos de ese rectángulo estaban la cocina y las despensa y en el lado opuesto los dormitorios; en cada cabecera, o lado corto el comedor principal y en frente la habitación de Urtamendia y su mujer. Los únicos accesos a este patio estaban protegidos por dos puertas de rejas de importante grosor.-.
Mas allá los galpones de la peonada, los bretes, los corrales y el tambo.
Urtamendia estaba solo con su mujer y sus hijas, protegiéndose de la guerra había mandado al capataz y los peones a llevar casi todo el ganado mas allá de la frontera según lo había aconsejado su buen amigo el General Muniz. El hombre simpatizaba con el partido colorado, cosa sabida en el pago. No era buena cosa que se aproximaran los cuatros jinetes blancos. Mandó para adentro a las mujeres y desde la puerta de rejas recibió a los visitantes, después de unos cabildeos el fondo del alma humana se hizo dueña de la situación.-
Después del caos y los llantos, de la violencia y la barbarie solo quedaron los despojos y el silencio, el doloroso silencio con el que se vela la inocencia perdida y se protege la vergüenza aislándola de la verdad.-
En el campamento revolucionario un Capitán llego y pidió permiso para hablar con Saravia, con el venia un vecino de rostro sombrío, el fue quien comunicó la horrenda noticia de lo acontecido en los de Urtamendia.-
Después de escuchar en silencio, Saravia ciego de rabia salió y ordeno formar para pasar revista, era el 30 de marzo de 1897, con todo el ejército formado partió sin más compañía que aquel vecino portador de la desgraciada noticia a visitar el establecimiento de Urtamendia. Al cabo de un par de horas regreso al campamento en compañía de la viuda de aquel.-
Al paso de los caballos recorrieron las filas de soldados hasta que sin dudar la viuda señalo hacia la formación del coronel Núñez. Un teniente fue el señalado por la pobre mujer. El General frenó su caballo y pidió al coronel que separara de la formación la persona señalada mientras confiaba a la pobre mujer al cuidado del doctor Ponce.-
En veinte minutos de interrogatorio se atrapó a los otros tres cómplices, todos fueron condenados a muerte sin más dilación.-
- Usted no puede condenar a muerte a esta gente solo por la acusación de una viuda y la forzada confesión de un hombre – dijo el coronel Nuñez intentando proteger al amigo de varias campañas.
- Yo puedo mas de lo que usted cree compañero, - retruco el general Saravia -Coronel Lamas, disponga la ejecución , no se pude hacer un corral con postes podridos.-
Los reos se formaron con los ojos vendados y las manos atadas, uno de ellos gimió pidiendo clemencia ante el general Saravia.
- De la misma manera le deben de haber suplicado esas pobres mujeres, al menos muera con la dignidad que no tuvo cuando vivió. Proceda Coronel, el tiempo es muy caro para las urgencias de la patria.-
- Si mi general.
Lamas camino unos metros hacia el capitán que comandaba el pelotón, una vez llegado ordeno – “Proceda a ejecutar a estas personas Capitán”. Los tiradores apuntaron y a la orden del capitán sonó la cerrada descarga, los cuatro hombres se derrumbaron, el silencio posterior a la descarga se podía cortar a cuchillo
– “Se acaba de fusilar a estos hombres, reos del delito de asesinato, violación y
robo – dijo el coronel Lamas a toda la oficialidad reunida – todos los que incurran en el mismo delito tendrán idéntica pena. Comuníquenlo a la tropa”
- No Coronel – dijo Saravia – no solo que lo comuniquen, ordene a la tropa desfilar frente a los cadáveres. Que todos entiendan que en este ejercito no hay lugar para los delincuentes.-
Los hombres desfilaron en silencio, de gesto serio, todos de a pie. Luego del desfile de la tropa, ya de noche, en el fogón de Lolo se comentaba el insuceso entre los hermanos y varios amigos
- El coronel dice que no se va a permitir el degüello de los prisioneros – comento Brigido mientras revolvía las brazas.-
- Hoy estuvo fiero – dijo Lolo - si hasta lloraba el pobre indio cuando lo tenían prendido, tan guapo que parecía. Buenas noches comandante - Cayetano Gutiérrez tranquilamente se había arrimado al fogón – ¿ gusta un mate? decía mi padre que ayuda pasar los malos tragos.-
- Es cierto – respondió Gutierrez - Un mate ayuda a pasar la vida, Lolo,… a pasar la vida. Ya vas a aprender.-
martes, 6 de octubre de 2009
CAPITULO IV – “LA FUSION”
Después de Tres Árboles, el Coronel Diego Lamas apenas se dio tiempo para enterrar los muertos. Sin dar descanso a la tropa ordenó moverse rápidamente hacia el norte, desviándose de la ruta original que lo debería llevar al pueblo de Santa Isabel, para vadear el Río Negro en el "paso de los toros" y así reunirse con el general Saravia.
Pese a que el animo de la columna estaba exaltado por la reciente y primer victoria contra el ejercito gubernista, el hambre y el cansancio hacían mella en aquellos hombres que habían mal dormido la noche previa al ataque y que luego habían combatido fieramente contra un enemigo superior en número y poder de fuego.-
Se marchaba en dos columnas, por un lado, a la izquierda el Coronel Núñez al frente de su experimentado cuerpo de infantería, por el otro a la derecha el coronel Lamas lideraba entre otras a la “Poronguera”, división con la que realmente simpatizaba por su arrojo en el reciente combate.-
La caballada que habían pasado Lolo y sus hermanos desde los campos de Larriera, ayudaba en algo a marchar rápidamente y aunque se montaba en pelo usando muchas veces el poncho como apero, siempre esto era preferible a marchar de a pie por falta de locomoción.-
Lolo y sus hermanos marchaban en silencio, al trote lento, sobón, encolumnados de a tres tal cual la orden dada por el capitán. El caballo asignado a Lolo luego de la pérdida del suyo en combate más que caballo parecía un burro. La impaciencia del muchacho pudo más que la prudencia
- Montado en este animal no voy llegar muy lejos Antonio
- Se me hace que no Lolo, seguramente es mejor que ir montado en un buey, no le parece aparcero
- Sabes que tenes razón, si queres cambiamos
- Se me hace que no, ¡Ta lindo el overito mío! – dijo Juan Antonio palmeándole el tuse a un overo patas negras de media alzada y remos poderosos.
Estaban en eso cuando el capitán pidió “un par de mozos livianitos y de a caballo”
- Yo soy livianito – dijo Lolo – lo que no tengo es caballo mi Capitán
El Capitán lo miro y sonrió, lo había visto cuando llego junto a la gente del Coronel González, todo tímido, allá en las costas del Arroyo Grande; lo vio mas hombre en menos de un mes hablando frente al comandante Gutierrez sobre la caballada de Larriera y luego, al otro día, ya en combate, sin dejar de ser apenas mas que un niño había sido un hombre cargando juntos llenos de furia y coraje. Le caía simpático el alto muchachito y lo sabía buen jinete.-
- Estas seguro de querer ir gurí – Lolo puso cara de ofendido - pero siempre es bueno un buen jinete en una partida. Veni conmigo.-
- ¿Y me consigue otro flete mi capitán?
- Usted Lolo por cambiar de caballo es capaz de pelear con Idiarte Borda
Las risas y las pullas no se hicieron esperar en el grupo, quebrando en algo el cansino silencio en el que marchaba la columna poronguera.-
- Bueno, además de este amigo al que no le gusta el flete, voy necesitar a cinco más. Van a marchar conmigo y vamos a oficiar de “bomberos”.-
Rápidamente se conformó el grupo, Lolo volvió a montar un nervioso caballo zaino cara blanca, escarceador, el que después de ensillado casi lo da por tierra, motivo de jolgorio para sus compañeros.-
El Capitán conferencio un momento con el Comandante Gutiérrez y se acerco al galope – “ al galope y conmigo” dijo con vos clara. Mientras se alejaban de la columna, en forma casi perpendicular comento en voz alta.
- Ramon Galain y su gente van a tomar la estación Francia y destruir las vías y el telégrafo, nosotros vamos a asegurarnos que no haya colorados en la vuelta ni fuerzas de gobierno. Vamos a separarnos para cubrir bien el terreno. Usted Lolo viene conmigo y el sargento, los demás van con el teniente. Teniente rodee la lomita y rumbee para el lado del Río Negro. Acérquese a la vía pero mirándola de lejos y después rumbeen al norte siempre cerca de la vía. No lleguen hasta la estación. ¿Entendido? No pueden llegar a la estación salvo expresa orden mía.-
- Si avistamos colorados a quien avisamos mi capitán – pregunto el viejo teniente guerrero de varias revueltas.-
- En eso iba Cipriano, si avistan una partida o el ejercito mismo se presentan con Galain y le dan la posición.-
- Entendido mi capitán.-
- Alférez Pérez – dirigiéndose a otro veterano de varias guerras – Usted ya tiene la misión, galope hasta el Salsipuedes con su grupo y establezcan una guardia cerca de la picada. Si ven preparativos o gente del ejercito manda un parte directamente al comandante Gutiérrez
- A la orden mi Capitán.-
- Bueno, a galopar compañeros.-
Los tres grupos salieron al galope con rumbos diferentes y definidos, los líderes de cada partida sabían perfectamente como hacer y la importancia que la tarea de espiar o “bombear” al enemigo. El galope tendido cerca de sus líneas se transformaba en un trote chasquero cerca del objetivo y luego un sigiloso paso con el equino de la rienda siempre buscando los desniveles del terreno.
El grupo de Lolo cabalgó casi toda la noche por el agreste paisaje al norte del Río Negro. Solo se detuvieron una vez al pasar una cañada para ajustar sus aperos y dar de beber a los caballos, después continuaron hasta que la salida del sol los encontró casi sobre la estación.-
Ya sin la protección oscuridad de la noche los jinetes ahora si comenzaron a buscar las partes del terreno que les dieran la ventaja de ver y no ser vistos. Un montecito de talas por aquí con sus espinas capaces de perforar una bota, un chircal espeso por allá, una pequeña quebrada y la constante de la línea de los rieles del ferrocarril.-
A diferencia de las noches anteriores, en que la que niebla un día y la llovizna otro los había helado hasta calarle los huesos, la noche que dejaban atrás y la madrugada que los recibía se presentaba si no calida, al menos exenta de frío.-
El suelo mojado por el rocío humedecía los cascos de los caballos y los humedeció a ellos también al pasar el último parapeto natural que los separaba de la estación. Un pajonal sobre un bañado que escoltaba una cañadita de lecho pedregoso y cauce estrecho. Los jinetes se apearon y se adentraron en el pajonal extremando los cuidados, mojados hasta casi los genitales avanzaron con el cuchillo en la mano, cortando las filosas pajas que les laceraban los brazos. El peligro de los ofidios, la temida mordedura de la crucera o los dientes de algunos de los pocos felinos que perseguidos y casi extintos se refugiaban en estas guaridas naturales los hacían avanzar extremadamente concentrados. Casi al llegar al extremo opuesto del pajonal pudieron observar claramente el objetivo, distante casi doscientos metros.-
La estación era un conjunto de construcciones, algunas de mayor porte, de paredes gruesas de ladrillo y techos de lata a dos aguas pintados de rojo, frente a ella, cruzando la vía un par de ranchos de adobe y techo de paja flanqueaban un ombú añoso. En línea paralela a la estación otra construcción de material de líneas rectas, puertas y ventanas pequeñas con fuertes rejas. Parecía injertada en medio de una quinta en la que sobresalían las zapalleras de gruesas hojas, un papal ralo y abundante, y la maraña de los boniatos casi al costado, por otro lado tres o cuatros limoneros, algún duraznero y algunos jazmines.-
Los postes del telégrafo depositaban sus alambres en la primera de las construcciones de techo de lata donde en forma perpendicular al andén descansaba un caballo atado a un palenque.-
- No se ve gente- dijo Lolo
- Pero hay – retruco el sargento- ese caballo atado es de un milico, mírele el recado.-
- Si- tercio el capitán – Es de un “montado”, debe ser de la caballería de Paysandú, combatieron antes de ayer, debe andar una partida por aquí cerca. Sargento, encuentre a Galain y dígale que extremen las precauciones. Lolo, usted busque al otro grupo, que debe venir por el otro lado de la vía y que se vengan para acá, vamos a asegurar esta posición.
Los dos hombres se metieron nuevamente en el pajonal mojándose nuevamente con el agua fangosa para luego montar y salir sin hacer el menor ruido.-
Lolo con un galope sobón aprovechó la cobertura que le daba una lomita y luego una cerrillada para atravesar la vía casi unos seiscientos metros mas allá de la estación, siempre rumbeando hacia el Río Negro cabalgó casi media hora hasta que alcanzó a ver la partida en cuestión.-
Después de asegurada la estación y destruido el telégrafo y las vías el campamento revolucionario acampo a orillas del arroyo Pororó, para el otro día tomar Santa Isabel.-
En el poblado, Lamas descubre que el gobierno ha enviado seis mil hombres los que desembarcaron en la estación Molles (distante apenas seis leguas) al mando del mismo Ministro de Guerra en persona.-
El Coronel Lamas hizo descansar la tropa, el buen ánimo reinó en el espíritu de los revolucionarios, siempre bordeando la protectora costa del Rio Negro la columna avanzo hacia el norte. Estaba claro que por alguna razón el General Saravia no había podido llegar a Santa Isabel de Paso de los Toros.-
La costa del río, con su monte tupido, muchas veces casi virgen para los ojos inexpertos era una de las fortalezas con las que contaba la revolución.
Brigadas de exploradores, “bomberos” al decir campero se adelantaban y marcaban el camino a seguir, buscando el mejor paso entre el monte o la “picada” para pasar el grueso del ejército.-
Atravesaron el río hacia el sur sobre “ la picada de Ramón Escudero”, evitando así el arroyo Carpintería Grande, ya del lado sur tuvo noticias Lamas que una avanzada del ejercito desembarcado en Molles venia a marchas forzadas con la misión de interceptarles el paso. Dispuso entonces que una brigada se adelantara y enviara correos que anunciaran con tiempo los movimientos del enemigo.-
El 25 de marzo en el Paso de Rubí sobre el arroyo Las Cañas el coronel Lamas envía una vez mas a la Poronguera a la vanguardia del ejército, sobre la rivera misma del arroyo donde se preveía una fuerza enemiga cercana a los 1500 hombres.-
El terreno de piso fangoso, con exhuberancia de pajonales y monte tupido hace que se desplieguen guerrillas por parte de los dos bandos, los tiradores de La Poronguera realizan el primer asalto acercándose hasta casi 200 metros de las líneas enemigas, las que después de un largo tiroteo intentan un movimiento envolvente tratando de golpear el flanco por un lado y cortar una posible retirada por la otra.-
El Coronel Lamas, fino estratega, descubre la maniobra y la superioridad de fuego del enemigo. Manda entonces a la infantería del Coronel Arrue a proteger la retirada con fuego de cobertura mientras que los lanceros de La Poronguera cargan sobre el parque enemigo para así distraer fuerzas.-
Comanda la carga José F. González, sus mas de 130 kilos casi no se notan sobre el tordillo que escarcea sobre el campo, les recuerda a sus hombres de donde son y la estirpe de cada uno, los conoce a todos, el griterío es ensordecedor cuando cargan en masa sobre el pajonal. Junto a ellos va la caballería de Cicerón Marín y su enorme barba blanca.
Las fuerzas del gobierno dudan y desalojan la posición ante la carga cerrada, el objetivo esta cumplido, del resto se encarga el Coronel Arrue administrando las pocas balas con que cuenta el ejército revolucionario.-
Lamas cruza el arroyo Las Cañas antes los vanos intentos de las fuerzas del gobierno de cortar su retirada.-
De a poco, batalla tras batalla, la heroica división de los Coroneles Gutiérrez y González va sellando su destino de coraje y bravura que la harán legendaria.-
Con la retaguardia cubierta, Lamas va camino a Cerro Largo, Ramon Galain, chasque enviado especialmente por el Coronel Lamas ya trajo la mala nueva, cayo estoicamente Chiquito Saravia y la buena nueva, el General Saravia lo espera cerca del Arroyo Tupambae.-
Lolo cabalga en el grupo del Coronel Gutiérrez, casi no participó en el Arroyo Las Cañas. Pese a cargar con su división el desbande del enemigo sobre el paso y la orden de no realizar persecución los hizo volver grupas hacia el tronco de la columna revolucionaria y proteger el flanco.-
Días más tarde, en las inmediaciones del arroyo Tupambae se produce la fusión de las tropas insurrectas.-
El general Saravia vestía con sencillez paisana, bombacha y torera negra, camisa de género del mismo color, botas de caña alta hasta la rodilla. No llevaba sable, ni insignias, estandartes o bandera, en el sombrero negro resaltaba la cinta blanca con la leyenda “Por la Patria”.En tan austera vestimenta se distinguía un revolver en una cartuchera ubicada a su diestra y daga con mango de guampa cruzada en la cintura. Montaba un zaino malacara de gran porte, y usaba rebenque de sotera ancha.
El apero era sencillo, exento de platería, cómodo. Quien lo viera sin saber su nombre lo confundirla fácilmente con un tropero llevando rodeo. Quien lo mirara a los ojos, descubriría que esa mirada hipnotizadora, subyugante, firme, llena de convicciones no podía ser otra que la del líder de cuatro mil almas que se juntaban para reivindicar sus derechos y las libertades civiles.-
El abrazo con el Coronel Lamas fue el de dos viejos compañeros. Lolo, subyugado en su inocente juventud, observaba desde lejos.
Ahí estaba el legendario Coronel Lamas, militar de carrera, exitoso estratega, con todos los honores y la confianza de la junta de guerra en el exilio apeándose de su caballo, descubriendo su noble cabeza y con el blanco quepi en la mano saludar al caudillo de gestos humildes. Este también desmonta, descubre su cabeza y le tiende la mano. Lolo se estremece, la palabra compañero lo engloba todo, siente que ahí mismo, junto a ellos esta la sombra del general Oribe y de Timoteo Aparicio.
Observa a los viejos generales de Timoteo, todos de cabeza descubierta, sombrero en mano; Ahí esta con su barba blanca y su altura imponente el general Jerónimo de Amilibia jefe de la infantería, el mismísimo José F González amigo personal de Timoteo y comandante de la Poronguera, Don Basilio Muñoz padre montando como cuando joven junto al general Oribe, haciendo caracolear un morito don Agustín Urutubey brama - “¡viva la patria ¡” respondido por Nicasio Trias que hace flamear la bandera junto a Celestino Alonzo.
Son los viejos jefes del partido blanco unidos por el General Saravia, el ejemplo de bravura y convicción es como un reguero de pólvora entre la juventud que multiplica esa fuerza en las casi cuatro mil almas que rugen cual león embravecido.-
Pese a que el animo de la columna estaba exaltado por la reciente y primer victoria contra el ejercito gubernista, el hambre y el cansancio hacían mella en aquellos hombres que habían mal dormido la noche previa al ataque y que luego habían combatido fieramente contra un enemigo superior en número y poder de fuego.-
Se marchaba en dos columnas, por un lado, a la izquierda el Coronel Núñez al frente de su experimentado cuerpo de infantería, por el otro a la derecha el coronel Lamas lideraba entre otras a la “Poronguera”, división con la que realmente simpatizaba por su arrojo en el reciente combate.-
La caballada que habían pasado Lolo y sus hermanos desde los campos de Larriera, ayudaba en algo a marchar rápidamente y aunque se montaba en pelo usando muchas veces el poncho como apero, siempre esto era preferible a marchar de a pie por falta de locomoción.-
Lolo y sus hermanos marchaban en silencio, al trote lento, sobón, encolumnados de a tres tal cual la orden dada por el capitán. El caballo asignado a Lolo luego de la pérdida del suyo en combate más que caballo parecía un burro. La impaciencia del muchacho pudo más que la prudencia
- Montado en este animal no voy llegar muy lejos Antonio
- Se me hace que no Lolo, seguramente es mejor que ir montado en un buey, no le parece aparcero
- Sabes que tenes razón, si queres cambiamos
- Se me hace que no, ¡Ta lindo el overito mío! – dijo Juan Antonio palmeándole el tuse a un overo patas negras de media alzada y remos poderosos.
Estaban en eso cuando el capitán pidió “un par de mozos livianitos y de a caballo”
- Yo soy livianito – dijo Lolo – lo que no tengo es caballo mi Capitán
El Capitán lo miro y sonrió, lo había visto cuando llego junto a la gente del Coronel González, todo tímido, allá en las costas del Arroyo Grande; lo vio mas hombre en menos de un mes hablando frente al comandante Gutierrez sobre la caballada de Larriera y luego, al otro día, ya en combate, sin dejar de ser apenas mas que un niño había sido un hombre cargando juntos llenos de furia y coraje. Le caía simpático el alto muchachito y lo sabía buen jinete.-
- Estas seguro de querer ir gurí – Lolo puso cara de ofendido - pero siempre es bueno un buen jinete en una partida. Veni conmigo.-
- ¿Y me consigue otro flete mi capitán?
- Usted Lolo por cambiar de caballo es capaz de pelear con Idiarte Borda
Las risas y las pullas no se hicieron esperar en el grupo, quebrando en algo el cansino silencio en el que marchaba la columna poronguera.-
- Bueno, además de este amigo al que no le gusta el flete, voy necesitar a cinco más. Van a marchar conmigo y vamos a oficiar de “bomberos”.-
Rápidamente se conformó el grupo, Lolo volvió a montar un nervioso caballo zaino cara blanca, escarceador, el que después de ensillado casi lo da por tierra, motivo de jolgorio para sus compañeros.-
El Capitán conferencio un momento con el Comandante Gutiérrez y se acerco al galope – “ al galope y conmigo” dijo con vos clara. Mientras se alejaban de la columna, en forma casi perpendicular comento en voz alta.
- Ramon Galain y su gente van a tomar la estación Francia y destruir las vías y el telégrafo, nosotros vamos a asegurarnos que no haya colorados en la vuelta ni fuerzas de gobierno. Vamos a separarnos para cubrir bien el terreno. Usted Lolo viene conmigo y el sargento, los demás van con el teniente. Teniente rodee la lomita y rumbee para el lado del Río Negro. Acérquese a la vía pero mirándola de lejos y después rumbeen al norte siempre cerca de la vía. No lleguen hasta la estación. ¿Entendido? No pueden llegar a la estación salvo expresa orden mía.-
- Si avistamos colorados a quien avisamos mi capitán – pregunto el viejo teniente guerrero de varias revueltas.-
- En eso iba Cipriano, si avistan una partida o el ejercito mismo se presentan con Galain y le dan la posición.-
- Entendido mi capitán.-
- Alférez Pérez – dirigiéndose a otro veterano de varias guerras – Usted ya tiene la misión, galope hasta el Salsipuedes con su grupo y establezcan una guardia cerca de la picada. Si ven preparativos o gente del ejercito manda un parte directamente al comandante Gutiérrez
- A la orden mi Capitán.-
- Bueno, a galopar compañeros.-
Los tres grupos salieron al galope con rumbos diferentes y definidos, los líderes de cada partida sabían perfectamente como hacer y la importancia que la tarea de espiar o “bombear” al enemigo. El galope tendido cerca de sus líneas se transformaba en un trote chasquero cerca del objetivo y luego un sigiloso paso con el equino de la rienda siempre buscando los desniveles del terreno.
El grupo de Lolo cabalgó casi toda la noche por el agreste paisaje al norte del Río Negro. Solo se detuvieron una vez al pasar una cañada para ajustar sus aperos y dar de beber a los caballos, después continuaron hasta que la salida del sol los encontró casi sobre la estación.-
Ya sin la protección oscuridad de la noche los jinetes ahora si comenzaron a buscar las partes del terreno que les dieran la ventaja de ver y no ser vistos. Un montecito de talas por aquí con sus espinas capaces de perforar una bota, un chircal espeso por allá, una pequeña quebrada y la constante de la línea de los rieles del ferrocarril.-
A diferencia de las noches anteriores, en que la que niebla un día y la llovizna otro los había helado hasta calarle los huesos, la noche que dejaban atrás y la madrugada que los recibía se presentaba si no calida, al menos exenta de frío.-
El suelo mojado por el rocío humedecía los cascos de los caballos y los humedeció a ellos también al pasar el último parapeto natural que los separaba de la estación. Un pajonal sobre un bañado que escoltaba una cañadita de lecho pedregoso y cauce estrecho. Los jinetes se apearon y se adentraron en el pajonal extremando los cuidados, mojados hasta casi los genitales avanzaron con el cuchillo en la mano, cortando las filosas pajas que les laceraban los brazos. El peligro de los ofidios, la temida mordedura de la crucera o los dientes de algunos de los pocos felinos que perseguidos y casi extintos se refugiaban en estas guaridas naturales los hacían avanzar extremadamente concentrados. Casi al llegar al extremo opuesto del pajonal pudieron observar claramente el objetivo, distante casi doscientos metros.-
La estación era un conjunto de construcciones, algunas de mayor porte, de paredes gruesas de ladrillo y techos de lata a dos aguas pintados de rojo, frente a ella, cruzando la vía un par de ranchos de adobe y techo de paja flanqueaban un ombú añoso. En línea paralela a la estación otra construcción de material de líneas rectas, puertas y ventanas pequeñas con fuertes rejas. Parecía injertada en medio de una quinta en la que sobresalían las zapalleras de gruesas hojas, un papal ralo y abundante, y la maraña de los boniatos casi al costado, por otro lado tres o cuatros limoneros, algún duraznero y algunos jazmines.-
Los postes del telégrafo depositaban sus alambres en la primera de las construcciones de techo de lata donde en forma perpendicular al andén descansaba un caballo atado a un palenque.-
- No se ve gente- dijo Lolo
- Pero hay – retruco el sargento- ese caballo atado es de un milico, mírele el recado.-
- Si- tercio el capitán – Es de un “montado”, debe ser de la caballería de Paysandú, combatieron antes de ayer, debe andar una partida por aquí cerca. Sargento, encuentre a Galain y dígale que extremen las precauciones. Lolo, usted busque al otro grupo, que debe venir por el otro lado de la vía y que se vengan para acá, vamos a asegurar esta posición.
Los dos hombres se metieron nuevamente en el pajonal mojándose nuevamente con el agua fangosa para luego montar y salir sin hacer el menor ruido.-
Lolo con un galope sobón aprovechó la cobertura que le daba una lomita y luego una cerrillada para atravesar la vía casi unos seiscientos metros mas allá de la estación, siempre rumbeando hacia el Río Negro cabalgó casi media hora hasta que alcanzó a ver la partida en cuestión.-
Después de asegurada la estación y destruido el telégrafo y las vías el campamento revolucionario acampo a orillas del arroyo Pororó, para el otro día tomar Santa Isabel.-
En el poblado, Lamas descubre que el gobierno ha enviado seis mil hombres los que desembarcaron en la estación Molles (distante apenas seis leguas) al mando del mismo Ministro de Guerra en persona.-
El Coronel Lamas hizo descansar la tropa, el buen ánimo reinó en el espíritu de los revolucionarios, siempre bordeando la protectora costa del Rio Negro la columna avanzo hacia el norte. Estaba claro que por alguna razón el General Saravia no había podido llegar a Santa Isabel de Paso de los Toros.-
La costa del río, con su monte tupido, muchas veces casi virgen para los ojos inexpertos era una de las fortalezas con las que contaba la revolución.
Brigadas de exploradores, “bomberos” al decir campero se adelantaban y marcaban el camino a seguir, buscando el mejor paso entre el monte o la “picada” para pasar el grueso del ejército.-
Atravesaron el río hacia el sur sobre “ la picada de Ramón Escudero”, evitando así el arroyo Carpintería Grande, ya del lado sur tuvo noticias Lamas que una avanzada del ejercito desembarcado en Molles venia a marchas forzadas con la misión de interceptarles el paso. Dispuso entonces que una brigada se adelantara y enviara correos que anunciaran con tiempo los movimientos del enemigo.-
El 25 de marzo en el Paso de Rubí sobre el arroyo Las Cañas el coronel Lamas envía una vez mas a la Poronguera a la vanguardia del ejército, sobre la rivera misma del arroyo donde se preveía una fuerza enemiga cercana a los 1500 hombres.-
El terreno de piso fangoso, con exhuberancia de pajonales y monte tupido hace que se desplieguen guerrillas por parte de los dos bandos, los tiradores de La Poronguera realizan el primer asalto acercándose hasta casi 200 metros de las líneas enemigas, las que después de un largo tiroteo intentan un movimiento envolvente tratando de golpear el flanco por un lado y cortar una posible retirada por la otra.-
El Coronel Lamas, fino estratega, descubre la maniobra y la superioridad de fuego del enemigo. Manda entonces a la infantería del Coronel Arrue a proteger la retirada con fuego de cobertura mientras que los lanceros de La Poronguera cargan sobre el parque enemigo para así distraer fuerzas.-
Comanda la carga José F. González, sus mas de 130 kilos casi no se notan sobre el tordillo que escarcea sobre el campo, les recuerda a sus hombres de donde son y la estirpe de cada uno, los conoce a todos, el griterío es ensordecedor cuando cargan en masa sobre el pajonal. Junto a ellos va la caballería de Cicerón Marín y su enorme barba blanca.
Las fuerzas del gobierno dudan y desalojan la posición ante la carga cerrada, el objetivo esta cumplido, del resto se encarga el Coronel Arrue administrando las pocas balas con que cuenta el ejército revolucionario.-
Lamas cruza el arroyo Las Cañas antes los vanos intentos de las fuerzas del gobierno de cortar su retirada.-
De a poco, batalla tras batalla, la heroica división de los Coroneles Gutiérrez y González va sellando su destino de coraje y bravura que la harán legendaria.-
Con la retaguardia cubierta, Lamas va camino a Cerro Largo, Ramon Galain, chasque enviado especialmente por el Coronel Lamas ya trajo la mala nueva, cayo estoicamente Chiquito Saravia y la buena nueva, el General Saravia lo espera cerca del Arroyo Tupambae.-
Lolo cabalga en el grupo del Coronel Gutiérrez, casi no participó en el Arroyo Las Cañas. Pese a cargar con su división el desbande del enemigo sobre el paso y la orden de no realizar persecución los hizo volver grupas hacia el tronco de la columna revolucionaria y proteger el flanco.-
Días más tarde, en las inmediaciones del arroyo Tupambae se produce la fusión de las tropas insurrectas.-
El general Saravia vestía con sencillez paisana, bombacha y torera negra, camisa de género del mismo color, botas de caña alta hasta la rodilla. No llevaba sable, ni insignias, estandartes o bandera, en el sombrero negro resaltaba la cinta blanca con la leyenda “Por la Patria”.En tan austera vestimenta se distinguía un revolver en una cartuchera ubicada a su diestra y daga con mango de guampa cruzada en la cintura. Montaba un zaino malacara de gran porte, y usaba rebenque de sotera ancha.
El apero era sencillo, exento de platería, cómodo. Quien lo viera sin saber su nombre lo confundirla fácilmente con un tropero llevando rodeo. Quien lo mirara a los ojos, descubriría que esa mirada hipnotizadora, subyugante, firme, llena de convicciones no podía ser otra que la del líder de cuatro mil almas que se juntaban para reivindicar sus derechos y las libertades civiles.-
El abrazo con el Coronel Lamas fue el de dos viejos compañeros. Lolo, subyugado en su inocente juventud, observaba desde lejos.
Ahí estaba el legendario Coronel Lamas, militar de carrera, exitoso estratega, con todos los honores y la confianza de la junta de guerra en el exilio apeándose de su caballo, descubriendo su noble cabeza y con el blanco quepi en la mano saludar al caudillo de gestos humildes. Este también desmonta, descubre su cabeza y le tiende la mano. Lolo se estremece, la palabra compañero lo engloba todo, siente que ahí mismo, junto a ellos esta la sombra del general Oribe y de Timoteo Aparicio.
Observa a los viejos generales de Timoteo, todos de cabeza descubierta, sombrero en mano; Ahí esta con su barba blanca y su altura imponente el general Jerónimo de Amilibia jefe de la infantería, el mismísimo José F González amigo personal de Timoteo y comandante de la Poronguera, Don Basilio Muñoz padre montando como cuando joven junto al general Oribe, haciendo caracolear un morito don Agustín Urutubey brama - “¡viva la patria ¡” respondido por Nicasio Trias que hace flamear la bandera junto a Celestino Alonzo.
Son los viejos jefes del partido blanco unidos por el General Saravia, el ejemplo de bravura y convicción es como un reguero de pólvora entre la juventud que multiplica esa fuerza en las casi cuatro mil almas que rugen cual león embravecido.-
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- GR
- Durazno, Durazno, Uruguay
- " El viejo Lolo" Gonzalo Recuero
