CAPITULO V – EL FUSILAMIENTO
Establecido el campamento en las costas del arroyo Tupambae mientras el estado mayor del general diagrama la estrategia a seguir de aquí en más un clima denso comienza a vivirse entre un par de comandantes que no desean someterse a la autoridad de Saravia y los que lo entienden como líder natural.
Por ahí esta el plan de guerra aprobado en el exilio en Buenos Aires, por aquí esta la realidad de la campaña en guerra.
Justino Muniz, caudillo blanco devenido en colorado acecha con sus fuerzas y es vital neutralizarlas. No todos reconocen la figura del caudillo – “No me gusta mucho el cotorreo que tienen el doctor Terra con el comandante Núñez” le comenta el Comandante Gutierrez al viejo José Gonzalez
- A mi se me hace que hay gato encerrado- respondió el viejo – que hará el Coronel Lamas?
- Lamas es un patriota, el doctorcito este no se, me da mala espina, y me da la impresión que Núñez anda de cuajo revirado – respondió Gutiérrez
- Acá no se puede dudar, la única opción es estar con el General, otra cosa es traición y solo traicionan los cobardes.
- Lo mismo pienso yo, coronel González, es muy fácil hacer la guerra sin arriesgar el pellejo. ¿le parece que tengamos una prosa con alguno de los otros jefes?
- Se me hace que si don Cayetano, déjeme a mi que me encargo de hablar con el viejo Muñoz y con Ciceron.-
-
En realidad el recelo de los comandantes de la Poronguera con Duvimioso Terra y el comandante Núñez venía de unos días antes de producirse el combate en Paso de Rubí y había comenzado por una “soncera” al decir de Juan Antonio el hermano mayor de Lolo quien había sido parte del incidente.-
El Coronel Lamas se había enterado, antes de cruzar el Río Negro hacia el sur, que en los campos de Ciriaco Sosa (fuerte caudillo colorado de los pagos de Durazno) había una caballada de gran nivel, no por la cantidad ya que no llegaban a la centena, sino por la calidad. Una vez mas confió la captura de los mismos a la gente de Ramón Galain entre los que se encontraban Lolo y sus hermanos.
Cruzada la caballada, Duvimioso Terra usando su influencia quiso apoderarse de un “reservado” cosa que le fue negada por el Teniente Galain a cargo de la partida, esto molesto de sobremanera a Duvimioso Terra quien envió al comandante Uran para que se hiciera con el animal.-
- Le ordena el Dr. Terra que entregue ese caballo inmediatamente, de lo contrario el le va a enseñar a obedecer - dijo Uran sin siquiera saludar al Coronel Cayetano Gutiérrez cuando estaba éste con su división.-
- Mire usted – dijo Gutierrez y se echo para atrás el sombrero – Digale al Dr. Terra que venga el mismo a buscarlo… ahí esta – señalando el brete de sobeos – y venga usted también comandante que los dos van a llevar. ¡¡ Galain!! Haga echar pie a tierra a los infantes y si vienen estos señores me los recibe a balazos sin mediar orden. ¡¿Comprendió!?
- Si mi comandante. Desmonten de a uno en fila!! Formen!!!
Los infantes aprontaron las armas y el comandante Uran retrocedió picando espuelas a su caballo.-
El episodio siguió luego cuando José F Gonzalez, enterado del echo por Gutierrez quien manifestó la decisión era irrevocable “los cago a balazos y después me retiro con mi gente” , increpó de dura manera a Duvimioso Terra.-
- Escúcheme Doctor, no me venga a presionar. Yo solo acato ordenes del Coronel Lamas que es quien me manda el día de la pelea, pero no de usted.-
- No le permito que me hable asi, le voy a instruir un sumario y le voy a hacer pegar cuatro tiros por insubordinado- exclamo Duvimioso Terra
- Que no le tiemble el pulso doctor, aunque si no fuera maula me los pegaría usted mismo – dijo extendiéndole su revolver
El asunto se zanjo con la intervención de Cicerón Marín. En el sumario posterior que Terra le instruyo a González éste tuvo solo un voto en contra, el del comandante José Núñez. El sumario no tuvo andamiento, pero el ánimo no era el mismo entre los comandantes de las divisiones.-
El campamento siguió enrarecido por las discrepancias entre el General Saravia y Duvimioso Terra al se agregaba la molestia del coronel Núñez con el coronel Lamas. Aparicio Saravia sostenía la importancia de desmembrar el aparato armado del general Muniz, con el apoyo de Lamas y la cerrada negativa de Terra que pugnaba por llegar a la frontera apoyado por Núñez quien a su vez solicitaba la incorporación de más armas de fuego para continuar la lucha.-
Enterados los viejos jefes revolucionarios del “candombe” que había, al decir de Basilio Muñoz, comisionaron a éste para que conferenciara con el General Saravia y le hiciera saber de las novedades. Después de un rato de conversación trivial Saravia como al descuido dijo
- Usted disculpe don Basilio, pero se lo ve medio preocupado...-
- Usted sabe que si General, hay un candombe medio raro con el Comandante Nuñez y el Doctor Terra…
- Me pareció que si…este doctor que no se bien como se pronuncia el nombre me quiso arrear con el poncho el otro dia…
- Se me hace General que a la gente que vino de Buenos Aires no le gustó mucho que el Coronel Lamas sea el segundo.
Saravia medito un segundo mientras armaba un cigarro y soltó una risa socarrona “amigazo,- dijo- esta claro que los leguleyos de la ciudad nunca entenderán nada, son como los tizones, sino queman tiznan. Vamos a ver como sigue la cosa, lo que es seguro es que vamos a tener que colar mucha grasa para hacer las velas”
Mientras esto ocurría en el campamento revolucionario, no lejos de ahí, sobre una cuchilla, Jacinto Urtamendia, veía llegar, receloso, a cuatro jinetes de divisa blanca que se aproximaban al trote corto a su estancia.-
Este era un establecimiento típico de campo, construcción de material, recia, de líneas rectas y aspecto rectangular. Dos bloques grandes de construcciones en forma de paréntesis rectos resguardaban en su centro un patio de ladrillos y un aljibe. A este patio daban todas las puertas de las habitaciones, en cada uno de los lados largos de ese rectángulo estaban la cocina y las despensa y en el lado opuesto los dormitorios; en cada cabecera, o lado corto el comedor principal y en frente la habitación de Urtamendia y su mujer. Los únicos accesos a este patio estaban protegidos por dos puertas de rejas de importante grosor.-.
Mas allá los galpones de la peonada, los bretes, los corrales y el tambo.
Urtamendia estaba solo con su mujer y sus hijas, protegiéndose de la guerra había mandado al capataz y los peones a llevar casi todo el ganado mas allá de la frontera según lo había aconsejado su buen amigo el General Muniz. El hombre simpatizaba con el partido colorado, cosa sabida en el pago. No era buena cosa que se aproximaran los cuatros jinetes blancos. Mandó para adentro a las mujeres y desde la puerta de rejas recibió a los visitantes, después de unos cabildeos el fondo del alma humana se hizo dueña de la situación.-
Después del caos y los llantos, de la violencia y la barbarie solo quedaron los despojos y el silencio, el doloroso silencio con el que se vela la inocencia perdida y se protege la vergüenza aislándola de la verdad.-
En el campamento revolucionario un Capitán llego y pidió permiso para hablar con Saravia, con el venia un vecino de rostro sombrío, el fue quien comunicó la horrenda noticia de lo acontecido en los de Urtamendia.-
Después de escuchar en silencio, Saravia ciego de rabia salió y ordeno formar para pasar revista, era el 30 de marzo de 1897, con todo el ejército formado partió sin más compañía que aquel vecino portador de la desgraciada noticia a visitar el establecimiento de Urtamendia. Al cabo de un par de horas regreso al campamento en compañía de la viuda de aquel.-
Al paso de los caballos recorrieron las filas de soldados hasta que sin dudar la viuda señalo hacia la formación del coronel Núñez. Un teniente fue el señalado por la pobre mujer. El General frenó su caballo y pidió al coronel que separara de la formación la persona señalada mientras confiaba a la pobre mujer al cuidado del doctor Ponce.-
En veinte minutos de interrogatorio se atrapó a los otros tres cómplices, todos fueron condenados a muerte sin más dilación.-
- Usted no puede condenar a muerte a esta gente solo por la acusación de una viuda y la forzada confesión de un hombre – dijo el coronel Nuñez intentando proteger al amigo de varias campañas.
- Yo puedo mas de lo que usted cree compañero, - retruco el general Saravia -Coronel Lamas, disponga la ejecución , no se pude hacer un corral con postes podridos.-
Los reos se formaron con los ojos vendados y las manos atadas, uno de ellos gimió pidiendo clemencia ante el general Saravia.
- De la misma manera le deben de haber suplicado esas pobres mujeres, al menos muera con la dignidad que no tuvo cuando vivió. Proceda Coronel, el tiempo es muy caro para las urgencias de la patria.-
- Si mi general.
Lamas camino unos metros hacia el capitán que comandaba el pelotón, una vez llegado ordeno – “Proceda a ejecutar a estas personas Capitán”. Los tiradores apuntaron y a la orden del capitán sonó la cerrada descarga, los cuatro hombres se derrumbaron, el silencio posterior a la descarga se podía cortar a cuchillo
– “Se acaba de fusilar a estos hombres, reos del delito de asesinato, violación y
robo – dijo el coronel Lamas a toda la oficialidad reunida – todos los que incurran en el mismo delito tendrán idéntica pena. Comuníquenlo a la tropa”
- No Coronel – dijo Saravia – no solo que lo comuniquen, ordene a la tropa desfilar frente a los cadáveres. Que todos entiendan que en este ejercito no hay lugar para los delincuentes.-
Los hombres desfilaron en silencio, de gesto serio, todos de a pie. Luego del desfile de la tropa, ya de noche, en el fogón de Lolo se comentaba el insuceso entre los hermanos y varios amigos
- El coronel dice que no se va a permitir el degüello de los prisioneros – comento Brigido mientras revolvía las brazas.-
- Hoy estuvo fiero – dijo Lolo - si hasta lloraba el pobre indio cuando lo tenían prendido, tan guapo que parecía. Buenas noches comandante - Cayetano Gutiérrez tranquilamente se había arrimado al fogón – ¿ gusta un mate? decía mi padre que ayuda pasar los malos tragos.-
- Es cierto – respondió Gutierrez - Un mate ayuda a pasar la vida, Lolo,… a pasar la vida. Ya vas a aprender.-
Sabado previo al balotage..
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
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- GR
- Durazno, Durazno, Uruguay
- " El viejo Lolo" Gonzalo Recuero

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