Sabado previo al balotage..



Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.

Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-

Espero les guste

viernes, 6 de noviembre de 2009

CAPITULO VII – “CERROS BLANCOS”

CAPITULO VII – “CERROS BLANCOS”


- Cae agua como baba de loco
- Es un disparate, llevamos una semana de lluvia
- ¿Cómo esta la tropa Coronel Lamas?
- El animo es bueno General, pero viene complicada la cosa por el frío
- Tenemos que socorrer a los que estén peor
- Ya dispuse con los jefes de cada división que tomen la previsiones General
- En mi carpa hay un par de ponchos, que se los lleven y se lo den a los que anden mas embromados
- Muy bien Mi General

Los dos lideres de la revolución conversaban mientras recorrían los diferentes vivacs del campamento revolucionario. Aparicio Saravia se guarecía del agua con un poncho de paño negro y el sombrero de ala ancha sobre los ojos. A su lado el coronel Diego Lamas guarecido con un capote militar montaba un picazo de frente blanca que escarceaba a cada paso.-

- Tenga cuidado Coronel que el picazo ese anda de lomo hinchado
- Este picazo es pura pinta, en realidad no mas que un maturrango, pero vio como es esto general, con la escasez de caballada que tenemos no da para andar eligiendo mucho.-
- Usted sabe Coronel que no me gusta esta posición que tenemos, con el Tacuarembo y el Negro crecido tenemos una posición vulnerable. Si nos rodean estamos liquidados
- Podemos bordear el Caraguata y tratar de salir rumbo a Acegua
- No me gusta Lamas… hay por lo menos un ejercito completo viniendo desde Florida. El viejo Meliton Muñoz tiene que haber quedado con la sangre en el ojo después de Cerro Colorado
- Entonces seria una buena idea rumbear al norte, hacia Rivera, aunque tenemos que tratar de no arrimarnos mucho al Yaguari… si Villar mando a cubrir los pasos del Rio Negro es seguro que mando gente al Yaguari y no han podido pasar.-
- Uno no sabe si son burros o se hacen los burros, solamente Villar custodia pasos con ríos crecidos… ahí esta el traidor de Justino Muniz y mi pobre hermano, que hombre zonzo que salió Basilicio…que quiere que le diga, vamos a reforzar la vanguardia y vamos a redoblar la marcha, incluso de noche… a mi me huele a gato encerrado… y el gato somos nosotros. Nos deben de querer rodear y aunque sean unos burros este es el lugar perfecto para que nos encierren. ¿Con cuantos soldados contamos Coronel Lamas?
- Contando la reserva y los desarmados somos dos mil quinientos
- Suficientes para hacerle la pata ancha a cualquiera, pero igual seamos precavidos. ¿Como andamos de armas y proyectiles?
- Casi nada mi General, después de Cerro Colorado estamos en situación crítica, he dado órdenes expresas de no disparar sino a menos de doscientos metros en batalla tendida. De todos modos deberíamos pensar seriamente en conseguir armas y proyectiles
- Razón de más para ser precavidos y rumbear para la frontera entonces. Tenemos que hacer contacto con los amigos para aprovisionarnos.-

Mientras así hablaban Saravia y Lamas, el ejército del gobierno tendía una emboscada con más de 15.000 hombres provenientes de cuatro ejércitos e importantes piezas de artillería.

El ángulo de noventa grados que forman el Río Tacuarembo y el Río Negro, ambos desbordados permitían al gobierno movilizando cuatro ejércitos prácticamente rodear completamente a los revolucionarios

Por el Norte cubriendo la salida hacia Rivera el general Villar, otrora derrotado en Tres Árboles disponía de seis mil hombres con seis piezas de artillería; por el este el ejército del General Arribio con cinco mil hombres, un parque de ametralladoras e importante artillería se movilizaba desde villa Artigas para frenar toda posible salida por las costas del arroyo Caraguatá hacia el este. Los pasos del Polanco del Rio Negro y de Pereyra los custodiaban el general Vázquez y Justino Muniz respectivamente con algo más de cinco mil hombres.-

Justamente en el paso de Pereyra sobre el Rio Negro, Basilicio Saravia, se lamentaba en privado por la suerte de hermano. Con su grado de Coronel del Ejército conocía muy bien el plan establecido. La suerte de la revolución estaba echada, y era en esa ratonera donde se jugaba su destino.-

Menos de un mes antes se habían enfrentado con el ejército de Meliton Muñoz cerca de Cerro Colorado en el departamento de Florida. El mayor poder de fuego del enemigo no había logrado quebrar en ningún momento la línea organizada por el Coronel Diego Lamas. Parapetados tras los terraplenes del ferrocarril mantuvieron casi un día la batalla hasta que la falta de proyectiles y la previsión de una campaña prolongada los hizo replegarse ordenadamente hacia el norte.-

En Montevideo estallaron los nervios de Idiarte Borda tildó de inepto e idiota a su ministro de guerra – “un salvaje analfabeto me esta haciendo hacer el ridículo y a usted parece no importarle general” habría dicho el tirano, para agregar luego “yo que usted me preocuparía un poco mas por el futuro”.-

Si bien el ministro se mostró indignado intentando hacer descargos basados en el honor, ni bien salio del despacho movilizó correos, arrestó jefes y presionó para establecer un plan que acabara con “el salvaje”. Este plan estaba por ponerse en práctica cuando promediaba mayo.-


El 12 de mayo las partidas de observación confirmaron lo que ya se suponía, el cerco se cerraba en torno a los revolucionarios, Saravia dispuso la columna de modo que se intercalaran en función de su poder de fuego.

El plan seguía siendo evitar el combate y tratar de ganar la frontera, es así que se marchaba con paso redoblado buscando la cobertura protectora de los valles. Al caer la tarde del día 13, mientras Lolo y sus compañeros acampaban a casi seis kilómetros del arroyo cerros blancos la noticia de un inminente encuentro al día siguiente corrió como reguero de pólvora entre los revolucionarios.-

Aparicio Saravia ideo una arriesgada maniobra, avanzaría en línea paralela al arroyo marchando hacia el este, tal cual suponían las fuerzas del gobierno. El General Villar había colocado unas pocas partidas visibles, tendidas en guerrillas, disimulando importantes fuerzas escondidas tras una gran cerrillada. Suponía que Saravia intentaría pasar por ese lado al verlo mas débil que el resto de las fuerzas del gobierno. Saravia mismo marcho la mañana del 14 de mayo al frente de esa vanguardia compuesta además por el comandante Mena de la segunda división, la 10ª de Fortunato Jara y la Poronguera, casi sin armas pero con buena caballada; No llegó a pasar mas de media hora de combate cuando el grueso de las fuerzas revolucionarias, donde se encontraba el mayor poder de fuego giraron 90º para atacar de lleno en el centro de las fuerzas gubernistas.-

Los jefes revolucionarios ocuparon el centro de la línea y encabezaron el ataque, la consigna era romper el cerco de alguna manera.-

El campo de batalla se torno un largo frente de más de ocho kilómetros sobre las márgenes del Arroyo Blanco con los cerros del mismo nombre por detrás.

Los disparos, en su mayoría provenían desde el lado del gobierno, los soldados revolucionarios que poseían armas de fuego eran menos de la mitad y tenían orden precisa del Coronel Lamas de no disparar a más de doscientos metros.-

La artillería del gobierno comenzó a diezmar la línea revolucionaria, si bien la maniobra del general Saravia había burlado el parque de artillería más importante en el que se incluían al menos un par de ametralladoras, el general Villar disponía en el centro al menos tres o cuatro piezas de artillería de campaña.-

A las dos de la tarde se quebró la línea del Comandante Mena que se habia tendido unos doscientos metros sobre la rivera norte del Arroyo Blanco. El flanco derecho comenzó a ceder, si se quebraba la batalla estaba terminada.-

- Se desbanda la división de Mena, si perdemos esa posición en el arroyo Blanco la única manera de asegurar la línea es resistiendo desde el bañado– dijo Cayetano Gutierrez al Coronel Gonzalez. Ambos se encontraban sobre una cerrillada distante unos seiscientos metros de la margen sur del arroyo blanco donde “la poronguera” era la reserva del flanco derecho.-
- Tiene razón Coronel. ¡Capitán! Mande a desmontar y vamos a tomar el bañado, mande dos hombres por fusil. Los demás de a caballo y prontos.-

El bañado en cuestión era una extensión de algo mas de un kilómetro de largo por cuatrocientos metros de ancho entre la rivera norte del Arroyo Blanco y un arroyito de cauce estrecho llamado Arroyo Seco. La gran cantidad de agua caída en los últimos días desdibujaba esos límites y hacían del bañado una ciénaga inundada. La altura de las totoras y el pastizal en muchos lugares escondían un hombre.-

Lolo desmonto y atravesó el arroyito con el agua casi en la ingle, no llevaba arma de fuego, tan solo el cuchillo caronero en la mano. A su lado corriendo su compañero cargaba un Rémington Patria con la bayoneta calada, rápidamente se internaron en el bañado mientras pasaban corriendo los últimos hombres de la división del comandante Mena.

En el desconcierto de la línea que amenazaba con quebrarse los hombres de “La Poronguera” rápidamente se mezclaron con hombres de otras divisiones o lo que quedaban de ellas.-

El Coronel Fortunato Jara apareció de la nada montando a caballo. - “¡Aguanten carajo, aguanten `por la patria carajo!”- A su lado, el Capitán Gabino revoleo una lanza con la bandera de la patria en la chuza. “¡¡Firmes carajo, que no crucen el arroyo!!”. Pero los gritos de nada valían ante el avance arrollador de la infantería del gobierno.

- ¡¡Síganme carajo, vamos a mandarle lanza a estos zumacos!!

Un campo anegado en muchos lados y barroso en otros es mudo testigo de lo que está por venir. Los dos bandos se lanzan uno contra otro en una larga franja de pocos cientos metros de ancho

El choque fue violento, Lolo nunca había cargado con una fuerza de infantería, acostumbrado al caballo se hallaba fuera de ambiente, incomodo, corriendo tan solo con su caronero en la mano, el largo cuchillo que acostumbraba llevar casi perpendicularmente a su pierna izquierda, justo por encima de la carona y por debajo el recado, le parecía corto cuando veía aproximarse la compacta y organizada línea de soldados de infantería del ejercito con los fusiles máuser y las bayonetas con forma de espada apuntado hacia delante.-

No miro para el costado, sentía el ruido de las botas de sus compañeros hundiéndose en el barro y el griterío para darse animo, el no gritaba, los labios apretados y la mirada fija adelante en la línea del enemigo que avanzaba fusil en mano, una nueva descarga, el silbido de las balas a su lado, el ruido sordo de la carne recibiendo el plomo, el sonido agónico del caído, ¿Cual seria su bala? ¿Cuantas balas serian necesarias para hacerlo caer?, balas que el no tenia, ni sus compañeros, - “la carne es mas barata compañeros” - había sido el grito del Coronel Fortunato, la línea no debía quebrarse, y allí estaban ellos para sostenerla.-

Diez metros, ocho metros, cinco zancadas mas de sus largas piernas, que extraño pensamiento, ¿como se llamaría el “zumaco” que había elegido para enfrentar?, se miraban a los ojos, ¿tendría familia?, tres zancadas mas, que extraña era la bayoneta, parecía mas fina y mas larga que las demás ¿por qué no lleva uniforme? dos zancadas mas, los ojos del enemigo no tenían miedo, el tampoco.-

El enemigo levanto el fusil he hizo caer la punta de la bayoneta hacia Lolo, a ultimo momento éste giro apenas el torso para impulsar su cuchillo, la bayoneta le rozo el hombro enganchándole la camisa, sintió el caño del fusil impactando contra su carne, echó todo el cuerpo hacia delante, el filo del caronero se hundió en la humanidad del enemigo, sintió como el acero desgarraba músculos y vísceras del desafortunado hasta que se detuvo en algún obstáculo que le tenso la mano.-

El impulso que llevaban los dos hombres los hizo chocar, Lolo no soltó la empuñadura de su arma, escucho el quejido de su oponente cuando los cuerpos se juntaron y el chasquido de la hoja de su cuchillo al quebrase. Con la mano izquierda instintivamente asió el caño del fusil enemigo, la resistencia del otro cuerpo cedió y juntos cayeron sobre el fango.-

Había pasado menos de un minuto desde el comienzo de la carga, con la línea casi quebrada, casi sin balas, se habían lanzado contra un enemigo que los superaba en número y que amenazaba con vencerlos.-

Atrás quedaba el viejo Coronel Fortunato arengándolos con su lanza en alto, le parecía haberlo visto caer, seria una infamia que una bala de un máuser se llevara una vida gaucha, guapa, victoriosa de tantas cargas como esta ahora, acero en mano.-

Miro el caronero quebrado, regalo de su padre, intento recuperar la hoja quebrada del cuerpo del enemigo, no tuvo tiempo de mas nada, ahí arriba ya tenia otro soldado buscando su carne, uso el fusil recuperado como una maza para desviar el ataque, lanzo una patada que impacto en el bajo vientre de su oponente, al caer este volvió nuevamente a usar el fusil como maza.-

¡¡ Lolo atrás, atrás!!- giró el fusil antes que su cabeza, el golpe lo sintió milésimas de segundos después de ensartar por el pecho el cuerpo del enemigo que le había descerrajado un tiro casi a quemarropa, el dolor en la cabeza y la oscuridad llegaron casi a la vez. Intento abrir los ojos, no pudo, sentía como lejano el griterío, un sabor dulzon en la boca y el pasto húmedo y pisoteado acariciándole la cara. A tientas busco el arma, lo único que encontró fue la hoja del caronero quebrado, se aferro a ella como quien lo hace a una cuerda para no caer.

Intento no dormirse, sabia que mientras escuchara las voces y sintiera el filo del caronero en su mano estaba vivo, el tiempo era interminable, lo pisaron dos veces, algo le golpeo su ya dolorida cabeza, un cuerpo cayo sobre el, intento apartarlo, no pudo, sus piernas no le respondían, el cuerpo que tenia encima no lo dejaba respirar, ¿cuánto tiempo mas aguantaría? Comenzó a perder el sentido y todo le pareció vacío, perdió la noción del tiempo, al cabo de un tiempo la presión sobre él aflojo un poco, a lo lejos escucho “este es de los nuestros y esta vivo”, sintió como le tomaban de los brazos y lo cargaban sobre un caballo, el galope lo hizo vomitar después no escucho nada mas y todo fue negro.-

Despertó horas después entumecido de frío y con un fuerte dolor de cabeza, llovía y era de noche, miro en derredor y ahí estaban sus hermanos mateando junto al fogón, habían además algunas cuantas personas mas. Un poco mas allá, en un rancho precariamente iluminado le pareció ver que entraban y salían personas, una de ellas le pareció ser el mismo General Saravia emponchado bajo la lluvia.-

- Donde estamos?
- Mira que saliste duro Lolo, te balearon la sesera y estas vivito y coleando – bromeo como siempre Juan Antonio
- No me acuerdo de nada – dijo Lolo tocándose el tosco vendaje en su cabeza – sentí un golpe en el entrevero y después nada mas
- Yo no te vi caer hermano, pero me dijo el Macario Sosa que te cargaste como a tres antes que te bajaran de un tiro.-
- Si me acuerdo que alguien me grito y después nada mas…
- Ese fue el Macario que vio como te estaban por fusilar por la espalda, dice que ensartaste un zumaco con la bayoneta y que por eso te salvaste que fueras finado. El zumaco herró el tiro y te rozo la sesera.-
- ¡ Y casi quedaste ciego Lolo! - grito un compañero de la misma división – pero como Tata Dios se apiadó de nosotros que íbamos a tener que llevarte a mear y esas cosas, te dejo ver de vuelta.-

Las risas no se hicieron esperar ante la ocurrencia aunque fueron apagadas por la voz del capitán – “mas respeto señores, hoy estamos velando un valiente y llorando varios compañeros caídos”

- Que paso Juan Antonio?
- Cayó el coronel Fortunato, el general Saravia lo esta velando en la pulpería, ahí donde ves las luces
- Nos corrieron Juan Antonio?
- Si, y tenemos suerte de estar vivos, al Coronel Lamas lo cosieron a balazos, dijo el Comandante Gutiérrez que nos rodearon cuatro ejércitos, como nueve mil zumacos. Están marchando de noche para escapar de la encerrona, nosotros nos quedamos en la retaguardia.-
- Toma Lolo, esto te quedo del caronero que te regalo papá, la empuñadura no la pude encontrar entre el barro, y este pedazo de hoja la tenias agarrada de tal manera que tuve que pedir ayuda para soltártela, el doctor no te quería vendar si no lo soltabas, tenia miedo que lo despenaras- dijo Brigido mostrándole lo que había quedado de la larga hoja, algo así como unos setenta centímetros – Capaz que le podes poner otro mango ¿no?

Lolo se incorporo medio mareado aun, todo le daba vueltas, la lluvia fría lo alivio un poco, despejándole la neblina a través de la que veía. Las costras de sangre en sus mejillas se continuaban en el pecho. Juan Antonio le tendió una lanza para que se afirmara. La vara de ñandubay le hizo recobrar la vertical y así caminar hasta el rancho donde se efectuaba el velorio.-

Los paisanos de rostros serios se mantenían en silencio en pequeños grupos en las afueras, dentro del rancho que un día antes había sido pulpería o almacén de ramos generales, sobre un par de mesas y dentro de un cajón de madera descansaba el coronel Fortunato.-

La frente serena, la barba desordenada y el traje negro que contrastaba con el poncho arremangado con el que arengaba a la división horas antes, todo eso dentro de las cuatro maderas del cajón.-

- “Dicen que hasta el mismo general Saravia lloro su muerte hoy” – dijo un joven de hablar pausado con modales de doctor de la ciudad- “así que llore nomás jovencito que hoy se nos fue un patriota”.-

Lolo lo miro y sin decirle nada salio despacio bajo la lluvia fría, allá lejos casi imperceptibles se dibujaban cual si fueran estrellas cientos de lucecitas, eran los fogones del enemigo, la batalla ni por asomo había terminado. Mañana sería otro día, quien sabe cuanta suerte tendría.-

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Durazno, Durazno, Uruguay
" El viejo Lolo" Gonzalo Recuero