Sabado previo al balotage..



Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.

Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-

Espero les guste

sábado, 28 de noviembre de 2009

CAPITULO VIII – “CUCHILLA SECA”

CAPITULO VIII – “CUCHILLA SECA”

El camino hacia el norte era difícil, arroyos y cañadas crecidos, los pasos conocidos totalmente desbordados, los campos anegados y los bañados transformados en ciénagas. Las caballadas estaban flacas y cansadas por lo que gran parte de camino se hacia a pie con el bruto de la brida.-

La larga columna se movía despacio y en silencio, ya estaba por amanecer y una pequeña bruma se elevaba por sobre los pastizales. Los jefes iban de un lado a otro de la columna tratando de mantener el orden e infundir ánimo, como si el ánimo se pudiera encontrar en medio de aquella tierra anegada por el agua mezclada con la sangre derramada.

¿Donde estarían? ¿Tras de que cerrillada estarían agazapados los soldados del gobierno? Los fusiles ávidos de carne encierran la muerte escondida en las vainas de las balas, los compañeros caídos la jornada anterior daban fe de ello. Casi no quedaban proyectiles en las cartucheras, encontrar un fusil muchas veces más que una ventaja era un problema, de poco servía aquella rara mezcla de Remingtons, Máuser, Winchester si no se tenían los medios adecuados para usarlos.

La batalla pasada, unido al frío y al agua intensa que no daba tregua había desnudado las carencias logísticas y medicas de la revolución.

Un ejército es tan bueno como aquellos que lo conforman, si éste ejército esta debilitado físicamente significa que también tiene debilitado su potencial para combatir. De ahí que el mantenimiento de la salud era vital para la consecución de la causa.-

Lolo sufría en carne propia esta situación, paso a paso, tomado de la rienda de su caballo veía como sus energías se agotaban mientras trastabillaba cada dos o tres pasos. El frió y el dolor en la cabeza le generaba una rabia incontenible que le hacía flaquear su resistencia, y hasta un bravo como él fantaseaba con dejarse caer y terminar así el sufrimiento.-

Las ropas húmedas incapaces ya de albergar mas agua se pegaban al cuerpo multiplicando el frío intenso que los lastimaba; las botas encharcadas, tanto que daba lo mismo caminar descalzo. El poncho otrora amigo para combatir el frío, al estar totalmente empapado se convertía en un sobrepeso difícil de llevar marchando entre bañados pantanosos, con los miembros entumecidos.

En medio de todo esto, con la mirada puesta en el norte, buscando el “paso Hospital” que los llevara hacia Rivera y de ahí a los pertrechos en Santa Ana, cada relámpago y el posterior trueno le parecían a Lolo carcajadas macabras hechas por el viento.-

Una caballada apareció al galope, al frente de la misma venia el Comandante Gutiérrez, con el, totalmente empapado y apenas cubierto por una fina túnica de verano el doctor Andrés Ceverio, líder del cuerpo medico, lo acompañaban además tres practicantes.-

- Oficial
- Si señor – respondió el capitán a cargo del grupo
- Tiene heridos por aquí.?-
- En la carreta tenemos seis soldados mi comandante
- ¿Y ese soldado porque no esta en la carreta? – dijo Ceverio al comandante Gutiérrez – lo atendí ayer y tenia una profunda conmoción. Una bala le rozo la cabeza, no es conveniente que vaya caminando.-
- ¡Lolo! ¡arrímate, el doctor quiere hablar con vos! - y mirando al doctor dijo – es apenas un muchacho, guapo como un toro embravecido, pero a veces de tan guapo se transforma en tozudo

Lolo se arrimo con el caballo de la mano, el sombrero afirmado en la mollera casi en la nuca por encima de la venda grotesca de género indefinido.

- Como venís Lolo? – dijo Gutiérrez
- He sabido andar mejor mi comandante - respondió Lolo
- Usted no debería ir caminando soldado, estuvo casi cuatro horas inconscientes, ¿se siente bien?
- Lo suficiente como para no abandonar el caballo doctor, con la falta de matungos que hay a este me lo pelan enseguida
- Ahhh, esos son mis bravos de Villas Boas, cualquier cosa por un buen caballo, al final tiene razón el capitán Bethencourt amigo Lolo, sos capaz de pelear con el mismo Idiarte Borda por un caballo mijo
- Espero que el caballo no lo lleve derechito al pozo soldado – retruco Ceverio- vamos a mirar esa herida, con la falta de desinfectante que tenemos solo las podemos lavar con agua hervida y nada mas. Si se infecta estamos en problemas.
- ¿Cuál es el plan con los heridos doctor? pregunto Gutiérrez
- El general Saravia tiene ganas de desviar una caravana de carretas con los heridos hasta el hospital de Cuchilla Seca. Confiemos que si nos agarra el gobierno nos deje seguir… somos un cuerpo medico con heridos
- Que quiere que le diga doctor, yo no creería mucho en la misericordia del gobierno. Por lo que se comenta los heridos de Tres Árboles que llevo la cruz roja a Montevideo después de recuperados fueron a prisión
- Estamos mejorando…antes los degollaban si andaban escasos de municiones y si no los fusilaban – dijo el doctor mientras examinaba la profunda herida que había hecho la bala al rozar el cráneo de Lolo
- Siempre y cuando no los agarre Muniz – dijo Lolo
- ¿a ver como es eso que dijo soldado?
- Comento el comandante Fortunato que después de Arbolito el muy salvaje degolló a dos o tres heridos que nos se pudieron esconder
- Entonces Comandante Gutiérrez, si lo que dice el soldado es cierto es preferible que lo encarcelen a que lo degüellen.-
- Este mismo mozo escapo de un degüello seguro un par de días antes de Tres Árboles. Y miren que no eran gente de Muniz sino soldados de línea.- comento el comandante Gutiérrez al doctor- ¿Bueno, como esta esa herida?
- No me gusta, cuando lo encontraron llevaba un buen rato con la herida llena de barro, vamos a tratar de limpiarla seguido y desinfectarla bien en Cuchilla Seca. Este soldado se viene conmigo Comandante
- Pero apenas es un corte Comandante – protesto Lolo
- Soldado, monte y siga al doctor. Después de curado lo quiero nuevamente con nosotros y es una orden

Lolo montó desganado y emparejó su caballo con la carreta que llevaba los demás heridos hacia el hospital, estaban cerca del paso de Guaviyú y más que llover diluviaba.
Poca cosa podían hacer lo médicos en el frente de batalla cuando faltaba lo indispensable, faltaban vendas, hilos y brillaban por su ausencia los medicamentos. A falta de agua fenicada y bicloruro de mercurio las heridas se lavaban con agua hervida en ollas de hierro o apenas en la misma caldera de tropero con la que se aprontaba el mate. A falta de apósitos de gasa antiséptica y algodón, se desgarraba una camisa y se usaba esta como venda.-

Los quebrados se entablillaban con ramas y tiento, el mismo tiento que se usaba para detener una hemorragia.-

Antes de llegar al paso de Guaviyu, el general Saravia recibe la noticia que cubriendo el paso, ocultos por las cerrilladas, esta la vanguardia del general Escobar. Sin perder más tiempo parte con su escolta y un escuadrón de lanceros al encuentro del enemigo

En tanto esto pasaba en el medio de la columna, se comisionaba a Eduardo Acevedo Díaz para que acompañara con una partida de la 2ª división la caravana de heridos hacia Bage, pasando la frontera donde se encontraba el hospital de Cuchilla Seca.

En mas de veinte carros tirados por bueyes y algunos a caballo, acompañados por menos de treinta jinetes partieron los casi doscientos heridos de la revolución al hospital mas cercano, distante al menos diez días a caballo.-

Liberado el paso se continuo la marcha, un soldado herido en la carga hecha por el general Saravia en el paso de Guaviyú, le comentaba a Lolo lo acontecido mientras marchaban al paso de los caballos –“Ni bien vadeamos el paso, como a las tres de la tarde, sobre la cerrillada nos balearon de lo lindo, yo no tenia balas, es mas, nadie tenia balas. Entonces el general mando buscar la carreta con tacuaras que tenia el Coronel Lamas. Nos dio una lanza a cada uno y nos dijo que las municiones las tenían ellos y el coraje nosotros. Estaba como endemoniado el general, el tordillo se paraba de manos y bufaba y el general meta revolear la lanza. Se había sacado el poncho y solo estaba de camisa bajo la lluvia. Y entonces cargamos, así nomás, como antes, pura lanza mijo. Rodaron unos cuantos porque les bajaron los caballos pero les llegamos a la línea y salieron corriendo los zumacos. Había un viejo de gorro con penacho que parecía un general de esos que desfilan en el pueblo, revoleaba un sable y les decía que formaran. Pero que van a formar, ni bien les caímos con los caballos salieron corriendo y tiraban los máuser y nos se les veía ni el quepi. Diga que la caballada nuestra esta bichoca y llena de mataduras, sino estaba para correrlos hasta Montevideo mismo.

Así, entre cuentos y anécdotas que hicieran olvidar los dolores, el frío y el hambre una semana después llegaron a Cuchilla Seca donde estaba el hospital.-

Ahí la situación no era la mejor, pero al menos no llovía. Sobre una altura había cinco grandes carpas de lona sin puertas, que oficiaban de salas generales. Mas allá, un rancho de abobe y paja de medianas medidas servia como deposito y almacén. Un poco más allá, un corral de piedras y ramas mantenía encerrada una pequeña tropa de seis o siete vaquillonas escuálidas que servían de consumo a heridos y médicos.-

La pobreza que se veía en el sitio hacia espantar al mas duro, y solo la abnegación y sapiencia del cuerpo medico hacían de aquello un verdadero hospital donde se sanaban los heridos y no un simple deposito de desahuciados.
Presa de fuertes fiebres productos de la infección de su herida quedo Lolo acostado sobre un catre soñando con una casa en la cuchilla, el tambo, los corrales y el bullicioso trabajo en la cocina de sus hermanas. Su flaca humanidad parecía consumirse entre sudores, calambres y pesadillas.

Por las mañanas parecía estar mas animado por mas que sufría enormes dolores de cabeza, así y todo intentaba levantarse, pero luego de un rato las fiebres comenzaban a horadar su cuerpo y caía en profundos vacíos.-

Cuando ya se cumplía casi quince días de su llegada comenzó a sentirse mejor y a recuperarse lentamente. Caminaba todas las mañanas en torno al hospital y pronto comenzó a colaborar en las tareas simples como acarrear leña, ordeñar alguna lechera, carnear y colaborar en la recuperación de alguno de sus compañeros.-

En ese proceso de recuperación una mañana le llego la noticia que el grueso de la columna de Saravia estaba cerca de la frontera

- La revolución nos necesita – le dijo a un par de compañeros ya medio recuperados- tenemos que cruzar la frontera nuevamente
- Lolo, ni caballos tenemos aquí, cuanto menos armas. El único caballo es el petizo del barril y la yegua manca de arriar el consumo
- No importa, se comenta que mañana llegan heridos, tenemos que ir en esa partida
- Yo no puedo ni montar Lolo…
- Yo no me quedo, no deje mi casa y todo lo que tenia para hacer leña como una vieja

Asi dijo y salio de cabeza gacha derecho a comunicarle al doctor a cargo que se iba inmediatamente a unirse con la columna. El doctor Moreira quien estaba a cargo del hospital miraba desconsoladamente el corral donde estaban echadas dos de las escuálidas vaquillonas. La túnica antes inmaculadamente blanca tenia ahora manchas de todo tipo y colores

- Que suerte que lo veo Lolo, necesito que me haga un gran favor
- Yo vengo a hablar con usted
- Eso después Lolo, estamos en una situación desesperada, no tenemos animales para carnear. Sacrificar esos animales escuálidos seria en vano, usted es un hombre de a caballo, vaya por favor hasta lo del Coronel Joao y pídale de parte mía que me envíe algunas cabezas de ganado decente
- Pero doctor yo me voy con la revolución
- Por favor joven, es usted estupido o se hace. Mantener este sitio es parte de la guerra. Donde va a ir sin caballo y desarmado. Mírese los brazos y su cuerpo, debe de haber perdido 10 kilos y usted ya de por si era flaco
- ¡¡ Doctor ¡! Tengo las fuerzas suficientes para llegar hasta Acegua aunque sea de a pie
- Mire Lolo, la diferencia entre un optimista y un idiota es apenas una rayita fina…y usted la esta pasando. Lo mejor que puede hacer por la revolución es dar lo mejor de si en el momento que le toque vivir. Y ahora usted esta aquí, donde apenas tenemos para comer. Escúcheme – puso la mano sobre el hombro del joven- yo solo soy medico, no soy dios. La cura de las heridas es cosa de hombres no de dios, el solo nos guía por el buen camino, lo demás es cosa nuestra. Algunos extraemos las balas, limpiamos las heridas y suturamos los miembros. Otros mantienen en pie el lugar y hacen posible la tarea de los demás, ayúdeme con eso y estará ayudando la causa; conseguir alimentos, leña, velar por la seguridad es tan importante como lo primero y casi tan importante como ganar la batalla. Tengo doscientos compañeros heridos para curar, alimentar y velar por su seguridad. ¿puedo confiar en usted para que nos ayude?
- Si doctor, puede confiar en mi. ¿Como hago para llegar a lo del Coronel Joao?
- Tenga, esta carta la firmo el mismo General, llévese con usted al Mouriño, el lo guiara. Lo espero en una semana. Suerte

Dicho esto, el doctor salio presuroso rumbo a una de las carpas que oficiaba de quirófano, mientras entraba se acordó que hoy era su cumpleaños y que llevaba casi tres días sin comer “Tengo la corazonada que hoy recibí un regalo de cumpleaños- pensó para sus adentros- este mozo seguro no me falla, le sobra madera dura”-

1 comentario:

  1. Esta nota la escribo con el fín de felicitar y agradecer al señor Recuero,por tan grata lectura.Tenemos dos cosas en comun,los dos nos llamamos Gonzalo y los dos decendemos de aquellos patriotas que integraron la divicion No 12.Mi bis abuelo fué Calletano Gutierrez.

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Durazno, Durazno, Uruguay
" El viejo Lolo" Gonzalo Recuero