CAPITULO III – “TRES ÁRBOLES”
Decidió vadear el río en la mañana, luego de desensillar, ato del cabresto al ruano y se dispuso a pasar la noche a la orilla del río, sobre el pequeño arenal. Seria una larga noche, no se atrevió a prender el fuego por temor a ser descubierto por el enemigo o confundido por los suyos, una vez le habían contado como hacer fuego en un pozo, pero de la teoría del cuento a la práctica feroz de las últimas horas había muchas leguas de distancia.-
El nocturno sonido del monte estremecía al más templado. De a ratos se escuchaba algún bramido de un animal en celo o el ruido de los carpinchos metiéndose en el agua, ejércitos de luces fosforescentes centelleaban en la tupida vegetación casi selvática de la costa del Río Negro. A pesar del cansancio no pudo dormirse, un poco el frío, otro poco el miedo lo mantuvieron despierto.
El amanecer lo encontró con los ojos como plato escudriñando aquí y allá, alerta como un animal acorralado, por mas que sabia que estaba a salvo en aquella picada, cualquier movimiento en falso podía alertar al enemigo que sin dudas habría acampado a orillas del monte para buscarlo.-
Cuando clareo, después de quitarse las botas y semi-desnudarse, hizo una especie de atado con el poncho y lo puso bajo el brazo. Monto y con un golpe de talones en los flancos del animal se lanzo al agua. El ruano dudo un poco pero hábilmente comenzó a ganar el medio del río. La picada era muy poco conocida y no de fácil paso, en esa parte, muy cerca de la desembocadura del Río Yi, el Río Negro era más bien ancho, aunque poco profundo. Avanzó fácilmente unos metros, cuando vio que comenzó perder pie Lolo guió el caballo unos metros corriente abajo en forma paralela a la costa palmeándole el tuze para animarlo o el cogote para guiarlo, al rato el ruano ya afirmaba sus patas en el lecho del río ganando poco después una playita barrosa en la otra orilla.-
Una vez llegado a la otra rivera acomodó el apero, se vistió y luego de montar puso el ruano al trote en forma paralela al río buscando la salida, no necesitó encontrarla, de la espesura aparecieron un par de hombres. Uno de ellos tendría unos 50 años, petiso, ancho, de profusa barba que hacia casi indefinida su boca. El otro más alto, barbudo también, parecía mas joven. Este llevaba un revolver de volcar con el que apuntaba. Los dos llevaban una cinta blanca en el sombrero-
- Desmontá despacito guri, ando de gatillo celoso - dijo el del revolver
- Si señor – dijo Lolo desmontando sin dejar de mirar a los hombres –“soy de la gente del comandante Cayetano Gutierrez, vengo siendo perseguido por una partida del gobierno”
- Quien lo dice mocito?
- Me llaman Lolo Recuero, soy de Cuchilla de Villas Boas, estaba con la partida del sargento Rufino Correa, tengo que hablar con el comandante, el me conoce. También están mis hermanos por ahi”
- Entonces va a venir con nosotros mocito, si es quien dice ser no pasa nada, si no….. ¿Qué paso con los demás?
- Nos sorprendieron señor y mataron a todos creo , solo quede yo.-
Los dos hombres llevaron a Lolo ante el comandante Gutierrez quien escucho el relato de la acción pasada. El Comandante era un hombre que al decir de su gente oía con reposo y miraba fuerte. Hablaba poco, bastaba solo una mirada para avergonzar a un cobarde como para honrar el coraje.
- Y dice que se anima a cruzar y traer esos caballos?
- Si señor
- Usted que opina Valentín – preguntó a su segundo, Valentín Galain, primo hermano de Lolo
- Seguramente se las trae, a este mozo lo conozco desde cachorro, es de palabra -
- Cuanta gente necesitara para pasar esos caballos?
- Con mis hermanos y mis primos ya somos un malon mi comandante- se apresuro a decir Lolo ante la carcajada estrepitosa de todos
- Que así sea ¡Sargento Galain! – dijo dirigiéndose a Ramón Galain , hermano de Valentín - Usted va cargo de la partida, junte 10 hombres. No necesito explicar lo que vamos a necesitar esa caballada.-
- No señor – respondió Galain.
Los hombres salieron de la carpa palmeándole el hombro al adolescente devenido en hombre por el peso de los hechos, Lolo se sintió henchido de orgullo, en los fogones se comentaba el hecho del día, y el era el protagonista.-
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¿De donde salía la fuerza arrolladora de estos jóvenes que incendiaban la campaña? ¿Que motivaba a estos hombres a dejar el esfuerzo de tres generaciones, sus propiedades, sus mujeres y sus vidas? ¿Cual era el cerno de esa madera que todo incendiaba y dejaba brazas encendidas por doquier?
El trece de octubre de 1894, fallecía a los 50 años don Juan Antonio Recuero el padre de Lolo. La partida de defunción establecía un fallecimiento por “bronco neumonía crónica”, avalada por el doctor Gregorio Reguera y González.-
Cuatro años antes de su muerte, junto a un grupo de hacendados liderados por el viejo caudillo nacionalista José F González, Juan Antonio se había manifestado a viva voz frente a la jefatura política en la Santísima Trinidad de los Porongos por un fraude de opereta en el que había triunfado la lista del partido colorado en “una lucha de uno contra cuatro y llena de dificultades” según rezaba el comunicado oficial.-
De ahí en mas, la persecución y las faltas de garantías que reinaban en todo el país gobernado por la elite colectivista de Julio Herrera y Obes que se perpetuaba en el fraude y el sable se sintieron en la estancia de Juan Antonio el padre de Lolo, así como en las de otras familias de filiación nacionalista.-
Muerto Juan Antonio, sus hijos, aconsejados entre otros por sus primos y amigos, y las fuertes amistades de su padre, entre las que se encontraban don José F González y Francisco Solano Álvarez entre otros, rumiaron su rabia, mostraron su luto y mordieron fuerte el freno esperando la ocasión propicia para defender sus principios.-
En los pagos de la 6ta sección de Flores, y especialmente en la zona de “La Cordobesa” el descontento de la gente se acrecentaba, el líder natural de esa zona era Cayetano Gutierrez; éste y su segundo, Valentín Galain habían conformando una pequeña fuerza de guardia civiles y gente de la zona esperando el levantamiento que se palpitaba en cada casa, ahí estaba cada tanto Lolo acompañando a sus hermanos mayores cuando ellos lo dejaban ir. Se volvía a levantar la vieja bandera de su padre, que a su vez la levanto del suyo y por tanto de su abuelo quien la honró con el General Oribe y los viejos defensores de las leyes.-
La ocasión de servir habría de llegar el 2 de marzo sobre el paso del Calatayud a escasas leguas del solar paterno de Lolo donde los revolucionarios interceptaron la comunicación entre Durazno y Flores, al otro día, al amanecer, desde los suburbios de la Santísima Trinidad de los Porongos la columna revolucionaria marchó en busca del Coronel Lamas quien debería desembarcar en el puerto de Rosario.
De ahí en más, la llamarada de la revuelta blanca se extendió por toda la campaña movilizando familias enteras, ¿quien miraba el costo?, era la Patria quien llamaba!!
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Tres días después de la comparecencia de Lolo frente al comandante Gutierrez, ya con la caballada en poder de los revolucionarios el ejército del General Lamas comenzó a avanzar hacia el noreste con intención de plegarse al ejército que desde la frontera con Brasil comandaba el General Saravia.-
Lolo cabalgaba en la retaguardia del ejército, había cambiado de caballo dejando el ruano por un caballo alazán de gran alzada y cuartos poderosos. Según su primo Valentin “ un premio merecido por gaucho y soldado destacado”.-
La madrugada del 15 de marzo lo encontró junto a su primo y tres de sus compañeros bajo el mando del capitán Coralio Bethencourt vadeando el arroyo Tres Árboles con intenciones de estudiar e informar al comando revolucionario los movimientos del ejercito del gobierno. El General Lamas entendía que el General de Brigada José Villar, jefe del ejército gubernista intentaría cortar el paso e impedir el encuentro con el general Saravia. El asunto era donde, para saberlo dispuso de varias partidas de observación. Esta era una de ellas.-
Luego de todo un día de recorrida volvieron las partidas, a las cinco de la tarde, el General Lamas ya tenía sobre la mesa de trabajo una descripción detallada del enemigo así como el esbozo de un plan de batalla. El gobierno había hecho llegar por ferrocarril un cuerpo del ejército compuesto por dos batallones de Cazadores y uno de Caballería totalizando más de 1300 hombres y estos se movían hacia el Paso Hondo del arroyo Tres Árboles.
El 17 de marzo amaneció nublado, el espeso silencio del monte, totalmente ausente de sonidos presagiaba la batalla. Así como el general Lamas había dispuesto sus partidas para espiar el enemigo, el general Villar también había hecho lo mismo; confiado en su superioridad numérica y de armamento atacó con fiereza el paso hondo al amanecer.-
El silencio fue quebrado por la tupida descarga de la infantería gubernista. El cazador resulto cazado, desde la orilla norte del arroyo Tres Árboles la Urbana de Flores respondió con fuego graneado, el combate se torno feroz; Sable en mano y revolver en la otra cae el valiente comandante de la Urbana; Valentín Galain toma su puesto y arenga a seguir disparando.-
El comandante del batallón atacante ordenó calar bayonetas y desalojar a los revolucionarios de las márgenes del paso, las cristalinas aguas del arroyo bebieron sangre oriental.-
La defensa de la Urbana amenaza con quebrarse, la superioridad del armamento del gobierno se hace evidente. El General Lamas ordena reforzar la defensa, el batallón “Leandro Gómez” es enviado para quebrar el avance del gobierno, el choque es feroz. El combate se torna cuerpo a cuerpo, bestial, casi animal. Las bayonetas chocan contra los sables y las lanzas. Las viejas tres marías se estrellan contra los fusiles y a su paso destruyen dedos, huesos, caras.
La violenta carga hace retroceder las líneas del gobierno, los revolucionarios logran contener el primer ataque. Los batallones de cazadores se reorganizan, el avance continúa, sin tregua, sin pausa. El coraje copa la banca y se impone, el olor a pólvora dilata las narices e irrita los ojos, se mezcla con el dulzon sabor de la sangre y esconde el agrio olor a miedo.
El tiroteo continúa entres las fuerzas tendidas a cada margen del arroyo. En tan poca distancia que los separa los orientales de ambos bandos, caen como espigas de trigos cegadas por una hoz de disparos. Así cae valientemente Valentín Galain, - “ ¡¡ no se quiebren carajo, que no pasen !!- alcanza a gritar; el fuego feroz continúa, cada cual se parapeta como puede, el tiempo pasa pero el enemigo no.-
Se confunden las voces. Los heridos se multiplican en las fuerzas del gobierno, Lamas intuye la victoria y planea el golpe de gracia. A falta de tiradores le sobran jinetes, a caballo como tantas veces los herederos de las viejas montoneras golpearan el flanco izquierdo del enemigo. La caballería de “La Poronguera” es la encargada de la acción.-
Entre esos hombres curtidos, herederos del bravo Timoteo, esta Lolo, el sable que lleva en la mano esta manchado en la empuñadura con la sangre de un compañero caído en la refriega desde las barrancas, se manchara ahora con sangre enemiga. No hay tiempo de mirar al costado, por ahí debe ir su hermano Brigido, como siempre a su lado. Un poco adelante ve a Juan Antonio, el hermano mayor blandiendo la corta lanza de su padre.
Cruzan el arroyo ante el fuego enemigo, desde la barranca la infantería revolucionaria realiza fuego de cobertura. Las balas silban por sobre la cabeza confundiéndose con las balas enemigas que buscan carne revolucionaria. El enemigo no retrocede, un soldado negro, grandote, valiente como pocos carga a pie contra Lolo y entierra la bayoneta en el pecho del alazán, el noble animal no se detiene, se para de manos y relincha, Lolo lo castiga en los cuartos a la vez que hunde las espuelas en los flancos, el negro cae arrollado por los cascos del animal. El valor no tiene ni tendrá divisas.
El General Villar ya perdió la sorpresa y el peso ofensivo de sus nuevas armas, ahora el combate es como en la patria vieja, de a caballo y sable en mano. Caen las tácticas napoleónicas con que los generales de escuela planifican la acción y se pasa a pelear en un feroz entrevero como en las patricias montoneras.
La caballería revolucionaria es una rara mezcla de gauchos vestidos a la usanza típica, otros llevan casaquillas, otros los que desertaron al ejército usan uniforme. Todos llevan la cinta blanca en el sombrero. Lo común es el arrojo, pelean por su causa, por sus muertos y por sus vivos. Un padre carga junto a su hijo y junto a su hermano, si uno de estos cae la carga no se detendrá, habrá tiempo después para llorar los muertos que honraron la divisa.-
Los doctores citadinos se inflaman con el ardor del gauchaje, en sus emociones mezclan la admiración y la envidia. La Poronguera mantiene la carga. Es una maza compacta que se lanza en la rivera occidental del arroyo Tres Árboles, un alférez moreno con divisa blanca en su frente blande el sable sobre la cabeza de un oficial que se para firme sin retroceder un paso, su oscuro escarceador, orgullo de toda la costa de Chamangá se abalanza y corta el aire con sus remos; por un momento los sables se confunden, nadie puede cuidarse la espalda. Lolo alcanza a ver como Juan Antonio se debate a pie, girando con su lanza frente a tres bayonetas, no lo duda, lanza el caballo derribando suyos y contrarios, cae el alanzan desangrado en el pecho, buen caballo, aguantador hasta el final, salta el jinete como un puma desesperado, el sable en la mano derecha, la daga en la izquierda, cae el enemigo sin saber de donde vino el acero. Se confunden los otros dos, pierde el fusil el primero al contacto de la lanza cuando se le hunde en el pecho, el restante no lo duda y escapa del entrevero.
Se quiebra el enemigo y se dispersa trepando una pequeña loma, el parque de municiones queda a merced de los revolucionarios. El General Villar no da crédito a sus ojos, a caballo intenta detener la dispersión, busca limpiar el honor arrojándose y arengando sus hombres contra las líneas revolucionarias, mas tarde escribirá a Idiarte Borda, el tirano, “busqué redimir mi honor muriendo en batalla” no encuentra la muerte.-
Pasan las dos de la tarde y el clarín del gobierno anuncia la retirada, desencajado el estado mayor gubernista ve como el parque cae en manos revolucionarias, son más de 500 fusiles máuser, 100.000 tiros y una carreta llena de uniformes.-
Pasado el combate solo queda el silencio quebrado por quejidos y lamentos, ahí esta Lolo junto a su hermano Juan Antonio, la camisa húmeda de sangre y sudor, los músculos aun tensos, leve temblor en las manos, el corazón escapando del pecho.-
La calma trae dolorosas revelaciones, el arroyo ha quedado cubierto de cuerpos que se agolpaban a ambas márgenes. Soldados del gobierno y soldados de la revolución se entremezclaban en forma morbosa, macabra y hasta si se quiere obscena.-
El general Lamas en persona aparece a caballo desde su puesto de comando, con el viene su estado mayor, algunos de los comandantes muestran en mayor medida el paso del combate. Los rostros exaltados celebran la victoria-
Lolo, de a pie, como un autómata recorre los despojos de la batalla, metros adelante, sobre la barranca esta Valentín Galain, la cara destrozada por los proyectiles, a su lado, increíblemente con el pecho cribado a balazos el buen Francisco Solano Álvarez, comandante de la Urbana de Flores mantiene empuñado aun el sable con el que había arengado a su heroica división.
Valentín, el primo Valentín, el de mas coraje entre los corajudos, el mas servicial, ahí está de ojos muy abiertos y nuca contra la barranca.-
Lolo se arrodilló y le bajó los parpados, los juveniles ojos se le llenaron de lágrimas al tener entre sus manos el primo muerto. Como si fuera un niño quiso cargarlo en brazos pero su hermano Juan Antonio se lo impidió –“Lolo, ahí viene Ramón. Y no me llore compañero que un hombre no llora”
Ramón Galain se apeó masticando el dolor por el hermano muerto, por un instante no pronunció palabra alguna hasta que el oficial templado se antepuso al hombre dolorido, hincho el pecho y mirando a todos dijo con voz roca:
- ¡¡ Párense firme señores y no se lamenten, que no hay más honor que morir por la patria!!
Sabado previo al balotage..
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
Este capitulo habla sobre el hospital de Cuchilla Seca en Brasil.
Hasta alli se llevaban los heridos nacionalistas.-
Espero les guste
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- GR
- Durazno, Durazno, Uruguay
- " El viejo Lolo" Gonzalo Recuero

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ResponderEliminarEl amigo Guillermo Laurnaga me ha comentado con toda razon que confundí el pago de don Cayetano Gutierrez, donde dije "La Lata" , debí decir " La Cordobeza".
ResponderEliminarLa Lata, era el nombre que se le daba a la comisaria de la zona.-
Gracias Guillermo !!!!!
GR