EL VIEJO LOLO
No era ni el mas decidido ni el mas temeroso de aquel grupo de muchachones aun sin bigotes, que fuera acorralado casi de a pie por la avanzada del ejercito gubernista; y fue apenas de puro sobreviviente que intento cercenar a dientes la yugular de un sargento de rostro aindiado que lo pretendía degollar una vez vencido en la refriega de aquella mañana a principio de 1897.-
De ahí en mas ya fue hombre, tanto para ir para adelante en un feroz matar o morir y así escapar de la carnicería, como para darse cuenta después, ya con mas años, que no tenia que enorgullecerse ni arrepentirse de nada, y que los recuerdos son solo eso, parte del pasado de un hombre que vivió su tiempo.-
Se llamaba Deolindo, y en las fotos familiares, de rostro serio y bigote importante aprendí a conocerlo como Lolo, el abuelo Lolo.-
Cuentan que el primero de esta estirpe, al menos en estos lugares, llego promediando el
De ahí venia Lolo, de esa sangre, mezcla de sefardí y castellano, sangre de sobrevivientes a la inquisición, al desprecio de la torá y al hambre. Sangre acostumbrada a plantarse frente a las dificultades y sobrevivir.-
Se unió a la revolución de Aparicio con el mismo ardor con que lo habían hecho su hermano, su tío y su padre; escondió la angustia cuando su hermana le colgó al cuello apenas con un hilo la medalla con al imagen de San José, la que herido, vencido, muerto de hambre y escapando a una muerte segura después de Masoller, se apeo para buscarla entre el fango y los cascos de los caballos. Según contaría un amigo, veterano como el de la revolución de Aparicio, años más tarde, cuando mi padre apenas era un niño, el abuelo no pudo montar nuevamente y terciado sobre el caballo se alejo rumbo a su pago con las fuerzas el gobierno golpeándole los talones.-
Seis largos meses demoro en llegar a su querencia, seis largos meses marchando de noche y durmiendo de día, a salto de mata, escapando a la leva y a la venganza de un país tinto en sangre, seis largos meses y una vida después, sin sacarse su golilla, porque así era el abuelo, blanco, orgullosamente blanco.-
Y así de golilla blanca una tarde de marzo se apeo, después de algunos años, a pedir la mano de una joven. Ella se llamaba Maria y era una vasca hija y hermana de combatientes colorados. En su casa, aun se llevaba un crespón negro por el luto de algún hijo o hermano perdido en la guerra.
Dicen que de golilla blanca se murió y dicen también, que en su establecimiento nunca se le negó una paleta de capón a ningún paisano que llegara a buscar trabajo con la divisa equivocada.-
Los relatos que siguen me los contó mi padre y a este curiosamente no se los contó el abuelo, sino que los escucho aun sin salir de la adolescencia en una yerra cerca de Cerro Largo de boca de viejos compañeros de su padre.
El abuelo nunca habló de la guerra, es más, pocas cosas se conservan de su pasaje en dos revoluciones. Solamente los recuerdos de aquel niño orgulloso y sorprendido al ver el respeto con que el viejo paisanaje saludaba a “Don Lolo”, su padre, mi abuelo.
El viejo Lolo

Te animaste!!! Muy bueno
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